Respeten sus progreleyes y no sean contradictorios censurandome.

El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)



Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.



- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a Libertades del Tratado para el que se establecia una Constitución Europea)

domingo, 28 de julio de 2013

Sueños locos V (algo sobre mi padre)

    











       Vamos con los sueños que vimos alguna vez en una noche cualquiera robada a la rutina. Hace dos días soñé con el Hogar Naval de la avenida Alberdi. ¿Conocen? Es un edificio muy grande que ocupa toda una manzana. Se podría decir que la arquitectura del gigante es de estilo inglés o algo parecido. Ya se pueden imaginar cómo es el típico hogar de niños. Pero además de recibir a los hijitos de la marinos y a otros chicos, allí se dan clases de muchas cosas y cursos varios. Si no me equivoco, si la memoria no me falla, creo recordar que mi padre hizo allí un cursito de plomería. Esto como vida despierta. Pero en el sueño yo estaba haciendo unas prácticas de la docencia. Era un secundario para adultos. La clase era de viejos barbudos, viejos lobos de mar. El profesor titular estaba al frente del pizarrón. Yo estaba sentado en el primer lugar según vieja costumbre que tengo. De repente, del fondo de la clase, surgió una voz chistosa mofándose de mi papá. El anciano dijo que mi viejo terminó el secundario a los 32 años. Yo le respondí con la verdad: le dije que estaba mintiendo, que mi padre se recibió a los diecisiete. Toda la "viejada" presente se reía sin parar. Yo increpé a toda esa chusma canosa diciendo que ellos no conocieron jamás a nadie de mi familia. Luego les dije que no tenían autoridad moral para burlarse de otro. Finalmente, cuan estocada final, les eché en cara el hecho de tener más años que la injusticia y estar todavía en la escuela y encima, lo peor de todo, con ganas de joder a los demás como si ellos fueran jóvenes triunfadores. Yo valoro el esfuerzo de todos. Nunca es tarde. Siempre se puede empezar de cero. Pero no tolero al tipo que se ríe de su semejante, ese es el verdadero fracasado a mi entender. Se quedaron mudos los jovatos locos y mentirosos. Yo me fui de la clase. No admito faltas contra mi persona.

       Por la zona del Hogar Naval hay muchas casas de baño. Allí se venden inodoros, azulejos, bidets, piletas, grifería, etc. Se podría decir que ese es el barrio de los cagaderos. Frustrado por lo irrespetuoso que eran mis alumnos, me fui a caminar por ahí. Así sin más aparecí en un comercio mayorista que vende todos los artículos enumerados. Era un depósito enorme, muy grande. Mucha gente trabajando allí. Trasladaban estos obreros pesadas piezas con tractores y gigantes elevadores subían mármoles brillantes a los pisos superiores de esa catedral del ñoba. Era un negocio increíble. Tan grande que ocupaba media manzana y tenía entradas por Alberdi y José Bonifacio. La luz entraba a través de ventanales enormes. Todo a mi alrededor era blanco como una baldosa limpiada con  Cif crema. Me estaba quedando ciego ante tanto brillo. A pesar de las luces y de los obreros iluminados, a pesar de los pesares, yo seguí caminando siempre hacia adelante. Ya estaba adentro y era el único particular entre tantas botas y uniformes. Todos con el pelo bien cortito. Bien brutos los tipos. En una sociedad supuestamente democrática se adoptan prácticas castrenses en el ámbito laboral. Decía que seguí pasando revista a esa legión de cagaderos. Parecía ese lugar el cuartel general de los cuartos de baño. Nada que mis lectores no hayan visto antes. La misma mierda que tienen en su casa pero multiplicada por mil. Ahora que lo pienso, quizás la costumbre de practicarle sexo oral a la mujer se introdujo junto al bidet. Algún pajero literario me hablará de los romanos pero yo creo que la gente ordinaria no comía ciertos manjares si no estaban aseguradas las condiciones de higiene. Yo no lo sé. ¿Esperan algo? Ya lo van a tener...

        En el sueño no hay lógica porque no hay limitaciones físicas o temporales. Todo pasa muy rápido y todo pero todo puede pasar. Una lectora llamada Florencia me dijo que el anterior de mis sueños locos le resultó confuso. Eso porque todavía no leyó el final de este. Pasó en mi paseo inconsciente que llegué al fondo de ese regimiento de inodoros. ¿Con qué me encontré? Allí había un dirigible blanco y hermoso de La Serenísima. ¿Se acuerdan de los dirigibles que volaban en el cielo porteño allá por los años noventa? ¡Me siento un viejo con solo 24! Más de uno no se debe acordar. La rusita de diecinueve no creo que lo recuerde. Yo tenía siete años cuando veía pasar a estos locos del aire. Tan exitosa fue esa campaña publicitaria que te daban un dirigible inflable de juguete tomando no sé cuántos litros de leche o yogur. ¡Esas sí que eran épocas de gloria! Me contaron que esos bichos dejaron de volar porque los negros los cagaban a tiros (negros de mierda hijos de puta. ¿Qué de malo tiene la alegría de los chicos? ¿Por qué cagaban hacían eso). Sigamos soñando: vi el dirigible en medio de ese hangar y luego me desperté recordando todos los días lindos de la infancia. No sé qué corno tiene que ver un inflable con un biorsi pero así son las coas que sueño todas las noches. Sueños locos V (algo sobre mi padre). Muchas gracias por leer.

miércoles, 24 de julio de 2013

Sueños locos IV (las tetas)

 






        Anoche fui a dormir a casa de un amigo. A mitad de madrugada me preguntó qué me pasaba, si estaba bien. Yo había gritado "idiota". Una bestia con forma de mujer me había molestado en una pesadilla que Satanás ideo para interrumpir mi descanso. Luego del asalto satánico seguí durmiendo. Confieso que suelo padecer pesadillas cuando pernocto en morada ajena. Una vez me pasó en lo de otro amigo algo muy raro: sentí la presencia de un demonio que caminaba por un pasillo de la vivienda. Me asusté. Se levantaron todos los que allí estaban. Me dijeron que sí, que efectivamente allí hay espíritus demoníacos que rondan el patio cada vez que el sol se va. Ni se molestaron por el grito que pegué del susto que me di. Casi me moría de un infarto. Sentí ruidos muy extraños, pasos de gigante. Vi luces muy brillantes en medio de la noche y sentí la muerte muy cerca de mi alma. Fue una experiencia terrible. Las fuerzas del Mal siempre nos están mirando pero generalmente se hacen ver en medio de las tinieblas y en lugares alejados, en suburbios como Villa Lugano. Un ángel caído sabe bien que nadie podría creer en mí porque soy estudiante de Letras. Todos piensan que yo invento cosas y no es así. Todo lo que cuento tiene un sesgo autobiográfico o realista. A mis amigos tampoco les creerían porque dirían los buenos burgueses que es típico de la gente pobre inventar historias de fantasmas o creer por ignorancia en lo que no es. ¿Por qué será que es siempre en el Interior donde aparece los monstruos infernales más temibles? ¿Y por qué, en caso de aparecer por Buenos Aires, estas entidades se manifiestan en los lugares más humildes? Es muy sencillo: un tipo de Palermo no cree en esas cosas y se empeñaría siempre en darle una explicación científica  a la aparición. Sabe Lucifer también que a un burgués siempre se le puede acusar de literato, enfermo mental, fabulador, estafador y chanta. Nadie puede creerle. Así como tampoco, como dije antes, nadie ha de confiar en lo que diga un negro o un indio. El Maligno se ríe de todos nosotros sin distinción de clases ni razas. Pero sigo luego de tan endiablada digresión...

        Así como existe Dios, así también existe el Diablo. Pero vuelvo a mí: yo había vuelto a dormirme luego de la pesadilla. Entré en  sueño muy profundo. Estaba muy cansado. Me había levantado muy temprano y mi cabeza y mi cuerpo estaban pesados. La almohada fue tragando mis sesos y el colchón se comió mi cuerpo como si fuera la boca de la tierra que un día ha de engullir a los condenados por toda la eternidad. En este caso no era lo mío una condena sino un premio, un merecido descanso luego de algunos días un tanto ajetreados. Lentamente se fue desvaneciendo la realidad. A pesar de sentir la agonía de la vigilia, uno sabe que la muerte no ha llegado todavía. Por eso los dedos de las manos y los pies pueden sentirse como una prueba inequívoca de que no se ha llegado todavía al territorio de lo onírico. Se juega a estar en otro mundo con el la carne en la tierra y la mente en otro cielo. Es muy loco pensar que algo que nos pertenece está en una embajada en un lugar distante. La fisiología no alcanza para explicar todo lo que acontece cuando nuestros ojos se cierran. Dormir es metafísica pura. Algunos de mis conocidos dicen que soy muy dormilón. Se equivocan. Yo soy un gran metafísico y eso es otro cantar. Soy un asceta que vuela en la cama como si esta fuera una alfombra voladora. Yo veo cosas y las escribo. Viajo al espacio interestelar y vuelvo con noticias del más allá. Las sábanas son alas que vuelan a la casa del que ya no está. No nieguen lo evidente porque algún día por negar, los negados serán ustedes. Recen mucho por las almas de los vivos y los difuntos. Si hemos de pasar por el Purgatorio roguemos al Altísimo que nuestra estadía sea breve. Anhelemos siempre las más altas esferas de lo incognoscible...

        Dejando a un lado todas estas digresiones dignas de un santo, debo confesar que tuve una visión mundana y carnal; una visión que no fue visión sino deseo y ambición. Vi en medio de palieres transparentes a una dama de pechos muy grandes. ¿Vieron esas tetas gigantes que hacen a los corpiños más grandes y exuberantes? Bueno, así eran esas pechochas que yo soñé. Hay tetitas que son hechas tetas por corpiños bien armados, bien rellenos, de esos que van siempre hacia arriba; pero hay lolas tan grandotas y perfectas que hacen a las ropas más bellas y a los sostenes más redondos y perfectos. Todavía no explico el haber visto a una señorita muy delgada, de abdomen plano y tetazas sin fin. Vi también sus piernas. Fuertes y musculosas adornadas por lo sensual de una minifalda. Ojitos de miel y pelo castaño. ¿Algo malo? Un idiota de tez trigueña y Mini Cooper en la puerta llevaba de la mano a la preciosura que yo soñé. No sé por qué pero creo que no gano ni en mis sueños...

martes, 23 de julio de 2013

Comentarios a los comentarios.

     





 






           En el Colegio J. J. Urquiza de Flores trabaja un excelente psicólogo y profesor de historia llamado Carlos Fernández. Pensarán que me agrada porque es cercano a mi pensamiento tradicional. Todo lo contrario, es un hombre de los que se dicen "normales" o "progresistas". No será como yo en el pensar pero es un muy buen tipo, una persona de diez. Seguramente en algún momento de la vida leerá esto e intentará acordarse de mí sin éxito (no me creo tan importante para que todo el mundo me guarde en su memoria). Lo saludo muy atentamente y con mucho cariño. Estoy muy agradecido a él porque en las pocas oportunidades que estuvimos juntos me ha dicho cosas muy profundas, como para pensar de acá a la tumba. Empiezo con lo que me atrapa antes de deshacerme en elogios para con tan buen ser humano. Un día el profe Carlos me dijo que "había un poeta toscano llamado Dante que escribió su mejor obra al no tener a su musa consigo". Quiso decirme simplemente que las más de las veces el artista no tiene a su lado a la persona que le mueve el corazón. Sin embargo esa soledad, ese vacío, facilita la creación de una obra inmortal.
       Hoy en día no tengo una amada de verdad. Literariamente juego con la rusita que me inventé pero no es verdad, no la amo más. Pasó mucho tiempo de la invención o idealización. Lo que me pasa hoy en día es que me pregunto qué será de mí el día que mi vida se acomode por afuera de la universidad. Me va bien en los estudios y me siento contenido en el ámbito académico pero no tengo un trabajo estable. Eso es obvio. De ahí que escriba tanto y comente todas las noticias habidas y por haber. No digo que cerraría el blog, eso jamás. A pesar de todo, estas cositas que escribo son bastante inocentes. Aquel que se ríe de sí mismo como yo lo hago a diario tiene, por una cuestión de honestidad intelectual, una suerte de derecho a ejercer el humor políticamente incorrecto. Por ende digo yo que no tengo nada que esconder. En caso de que en el futuro escriba más espaciado o, directamente no escriba, no voy a dar de baja la página. Quedará como recuerdo de juventud y como parte de mi pasado. Pero otra vez me fui de tema...
       Me pregunto una y otra vez, movido por la retórica del psicólogo de la escuela a la que fui, si es necesaria la soledad y la pobreza para escribir. Creo que teniendo un buen empleo seguiría escribiendo igual. Quizás no en tiempo presente pero sí evocaría recuerdos de la infancia y de la adolescencia que tengo tan a mano con solo 24 años. Ahora, si estuviera con alguien que de verdad valga la pena, ya casi no tendría tiempo para escribir suponiendo que tuviera el trabajo que tanto anhelo (con un sueldo básico me alcanza y sobra, no soy como el gordo pelotudo de la tele que pide veinte lucas al mes. Yo soy feliz con lo mínimo. El problema está en conseguir algo estable que no te raje como es costumbre con la precarización hoy imperante). Igual voy a obviar la cuestión del tiempo. Uno siempre se hace un hueco para los objetos que le son caros al corazón. No pasa por ahí. Además, siempre voy a tener la memoria de lo pasado como para retratar anécdotas de las más amenas. Todavía no llego al punto...
      Querría saber, me lo pregunto a mí mismo y no llego a contestarme todavía, cómo sería mi vida interior en un contexto de plenitud laboral y afectiva. Es más, obviemos a las mujeres porque las novias son las putas más caras. Podría prescindir de estar con alguien visto y considerando la vileza, el calculo y el interés de las mujeres actuales. Las mismas que me desprecian hoy estarían detrás de mi persona al ver mi hipotética prosperidad pero bien, supongamos que sí, que tengo una chica bonita y buenita y un buen empleo. ¿Podría escribir borracho de felicidad? Hoy por hoy me considero feliz porque disfruto lo sencillo de la vida cotidiana (ayer experimenté la serena alegría de caminar por el parque a la mañana disfrutando de la total soledad que da un día de temperaturas bajo cero). Sin embargo está en la naturaleza del ser humano el sentirse incompleto. Es una forma de perseguir la existencia y motivarse a vivir un poco más. Parece que el "ya tengo todo" te deja casi al borde de la muerte. Yo no lo experimenté todavía y por eso me lo planteo como si fuera inalcanzable.
       ¿Cómo me sentiría si supiera que estoy en uno de esos trabajos que, aunque modesta la paga, me da la certeza de la estabilidad a perpetuidad? ¿Cómo estaría por dentro al saber que hay alguien conmigo que me ama y cuida de mi corazón? Sería muy raro. Me pregunto si en ese embeleso podría escribir con ingenio y agudeza. Modestia aparte, noto que más allá de los gustos consigo hacer una literatura irónica, polémica, rebelde, audaz y, lo más loco, con un fondo moral evidentemente católico. Lo mío es muy original. Mi escritura es una versión urbana, callejera, violenta y revolucionaria de ideas monárquicas, católicas y tradicionalistas. Es algo que todavía no he visto. Como si fuera la Revista Cabildo escrita por alguien que sale eufórico de un estadio de fútbol luego de un partido y que a la noche se va a un recital de rock pesado. No digo que lo que escribo esté bien o mal. No existe la buena o mala literatura sino los gustos de cada lector. Pero creo, a pesar de mis muchos detractores y adversarios de todas las calañas, creo y afirmo que no se podrá discutir lo personal de mi estilo.
         No sé si podría escribir igual sintiendo plenitud en mi vida, digo, teniendo un trabajo de esos que duran toda la vida (parece que ya no quedan) y teniendo junto a mí a una de esas chicas buenas y simpáticas que están para siempre (de estas tampoco quedan, leen el suplemento Entremujeres de Klarín, sí, con K, y la Revista Cosmopolitan a más de mirar Sexo en la ciudad). Estar bajo los efectos de la droga alucinógena del amor podría trastocar toda mi beligerancia. Escribiría pero sería distinto. La cantidad y la calidad de mi inventiva sería diferente. Hay en mí un fondo pesimista que roza las concepciones de Schopenhauer. Sé que es molesto leer a un pelotudo autorreferencial pero hoy me toca a mí. Siempre le saco el cuero a todo el mundo y jamás digo cosa alguna de mi persona detestable, fea, vil e idiota. Para ganarle de mano a los boludos, porque yo soy muy boludo pero no tanto como los que me critican, sepan que sé que dirán: "Lo mejor que dijiste hasta ahora es que sos un boludo". Bueno, vos sos tan boludo que yo ya te gané y te dejé sin la posibilidad de insultarme...
        Sigo con Carlos Fernández y el gabinete psicopedagógico del Colegio J. J. Urquiza. ¿Es necesario que la musa esté ausente para poder escribir? Es un tema picante. Creo que ni Fantino, Baby Etchecopar, Chiche Gelblung, Beto Casella o Ricardo Iorio se habrán preguntado esto (nombro a estos hombres de la vida porque yendo yo a la universidad no he conocido varones tan sabios como ellos. Una carrera te da una formación estrictamente académica y libresca, en la facultad uno recibe un título; pero la vida y la calle te dan sabiduría y estos tipos saben mucho de las cosas cotidianas que, en definitiva, son las más importantes. Mi intención siempre fue evitar toda suerte de pedantería y en eso consiste un poco mi estilo: un estudiante de Letras que no habla cosas abstractas de comunistas maricones sino que escribe sobre el asfalto, las minas, el barrio, los amigos, el arrabal, el bondi, la ciudad, etc. ). Vuelvo a la pregunta: ¿Es necesaria la ausencia de la musa para poder escribir y tener inspiración y material para la obra? No digo que yo sea Dante. Tampoco quiero serlo. Las comparaciones son odiosas y yo soy un tipo mediocre. No es el punto. El tema es que el psicólogo, que a su vez es profesor de historia, me planteó la muerte de Beatriz como el suceso que inspiró el poema inmortal de Alighieri. Recuerdo también, y de esta sí me hago cargo y me la banco, que este buen hombre me dijo, cuando yo tenía diecisiete o dieciocho, que lo mejor de mí iba a estar cerca de los sesenta, en mi madurez. Ahí nomás me dio el ejemplo de Goethe al ver que tenía su Fausto en mis manos...
        Ruego a Dios que haya Alan para rato. Hierba mala nunca muere. Hay gente a la que le gusta lo que hago. Me gustaría seguir adelante por todas esas nobles y buenas personas pero más me gustaría continuar por todos aquellos que me insultan, que me aborrecen, que me amenazan y que se escandalizan de modo farisaico por mis escritos en una sociedad dominada por la usura, la hipocresía y el desamor. Quizás mañana ya no sea el mismo. Los ríos se mueven y más si van aguas abajo. El Alan con empleo estable y chica buena tal vez sea un putito burgués lobotomizado por la falopa del amor. Sí, tal vez sea más feliz que nunca pero viva en las nubes de otros ojos más claros que los míos. Uno ya está (estaría) en otra y cuando digo otra me refiero a una personita hipotética del afecto, la ternura, la pasión y el compromiso. Respecto al trabajo; la inflación, la inseguridad y la indigencia en la sociedad estarían siempre para recordarme cuál es la realidad. Pero es cierto que el bienestar anestesia la conciencia del ciudadano promedio. Me da miedo morirme en la comodidad de la buena vida y en el efecto sedante de los labios de una mujer amorosa. No sé qué será de mí. Tengo mucho miedo. Tal vez podría pasarme lo contrario y sería hundirme todavía más en la miseria, la soledad, el desempleo y la tristeza. Ruego al Señor no caer más bajo todavía. No es por derrotista pero a veces me conformo con muy poco. No quisiera caer más. Ya bastante me he caído al nacer en un hogar pobre hijo de padres pobres (por momentos he conocido el hambre y la indigencia). Sea lo que sea, les pido a todos de corazón que recen mucho por mí. Lo único que necesito son sus oraciones a Jesús por mi alma, mi vida y mis estudios. Lo demás, el trabajo y el pan, si Dios quiere y San Cayetano intercede, digo yo que vendrá por añadidura. Recen por mí por favor...

domingo, 21 de julio de 2013

Tela para cortar...

    








           Yo soy un escritor mirón, chusma, voyeur. Yo soy un ciruja de la literatura, un tipo que recoge en la ciudad lo que ya nadie quiere y recicla cualquier elemento y lo convierte en cuento, relato, magia y pasión. Hablemos de texto que significa tejido. Yo soy como un judío de Nazca y Avellaneda pero del "rubro" de las bellas letras (como si lo que hago fuera una mercancía). La diferencia es que yo soy mi empleado y mi empleador. Yo no tomo en negro a nadie ni exploto a terceros. ¡Lejos de mí la explotación del hombre por el hombre! Ya hablaba un tal Marx de los ejércitos de reserva. Pero no me interesa las cosas de los rusitos que se contradicen entre ellos con sus decires y sus prácticas comerciales. Son gente muy divertida, gente linda de ojos claros y piel de leche. No puedo escupir para arriba porque mi genealogía entronca con los marranos. Yo no lo niego: tengo sangre judía y a mucha honra. Gracias a ese origen soy un tipo inteligente y original. Es verdad que soy un pervertido y un tipo verborrágico pero me siento bien por ello. Yo hago ficción rebelde y necesito ser como soy. De lo contrario sería tan solo un burgués fantaseando con vidas ajenas.
          Olvidando a la rusita que siempre voy a amar, aunque sepa que no voy a volver con ella, paso a mejores historias. Bueno, aclaro antes de seguir que yo no querría volver a estar con alguien que no sea de la religión católica. Sí me gustaría tomar un café, hacerle un regalo caro, mirar sus ojos verdes y decirle que es hermosa y que toda la vida la recordaré. Ella jamás se convertirá y será siempre una piba rebelde como toda buena vecina de Flores pero eso no me importa. Tampoco me importa su amiga torta. Yo voy a ir al tocuen porque estoy dando más vueltas que un tachero que quiere llevarse en un viaje la que no hizo en todo el día. Vamos: la historieta de hoy trata sobre un matrimonio joven que se quería mucho y todas esas cosas que se dicen del amor. De a poco vamos a ir echando luz sobre estos chicos divinos que se casaron hace algunos años. Primero hay que decir que los dos tienen buenos trabajos y son gente progre. Gente que se casa para la foto, gente careta que posa en carreta y viaja en Mercedes. Hay muchos amiguitos que son así, que se quieren hacer los criollitos en una estancia pero que le quitan la grasita al churrasco en vez de meterla en el buche. ¡Se nota que he pasao hambre carajo! Dejemos las flores y los ramitos en las fotitos lindas y vamos a ver qué pasa. Vamos que nos vamos...
           Una tarde de frío como la de esta semana de julio del 2013, pero en algún momento que no recuerdo, ella y él se pusieron a ordenar el armario. Tan ratas ellos que no querían usar la estufa so pretexto de intoxicarse con monóxido de carbono y perecer tontamente en una cámara de gas inconsciente. Tan pavos ellos en su autoengaño a conciencia que omitieron que tienen uno de esos cuadraditos blancos eléctricos que echan calor a más no poder. Pero bueno. Hay gente que no quiere gastar en luz y que prefiere cagarse de frío. Buscando frazadas, camperas, bufandas, guantes y toda cosa del invierno, poco a poco el fin de semana se les fue yendo metidos en el armario. Obvio que entre revolver y revolver se dieron a más no poder. Digo que se dieron en buenas conversaciones. No piensen que se pegaron ni otra cosa. Respecto a la vida de alcoba, prefiero omitir los detalles. Se imaginarán que siendo un matri de pibes jóvenes hicieron mierda varios colchones. Buscaban un bebito. Se demoraba en llegar pero son cosas de Dios. La vida se toma su tiempo para cada cosa. No todo es salir de paseo bajo el sol de la Costanera Sur. A veces hay que sacar y meter en el hogar. A estos chicos les gustaba mucho meter y sacar. No sé qué metían o qué sacaban pero se les iba el fin de semana en esto de estarse dando vuelta toda la casa.  Tal vez con un niñito en el medio podrían haber bajado las revoluciones pero era necesario que el hijo venga para aflojar al desastre que estaban haciendo en esos cuartos.
         Departamento de jovencitos alejados de todos. Chicos que se querían mucho y que se entregaban sin pausa al postre delicioso de mirarse a los ojos. Pasiones sensatas de gente que se ama. Libertad de decir y hacer en la soledad de dos. Poesía que hace y deshace nudos trasnochadores. Vestidos que vuelan por las piezas sin división. Paredes blancas recién pintadas y vista a lo mejor de la ciudad. Tardes de besos, flores, infusiones, charlas de los abrazos y sueños de a dos. Le canto a la vida en estos dos que se tiroteaban todo el día con ideas, proyectos y deseos de juventud. Nada mejor para ellos que abrigarse mutuamente esperando el fin del invierno. De fondo, música de gente cheta y almohadas compradas a un turco que gusta del regateo. Vivencias de incienso y tiendas de diseño, sabores de pescados sofisticados y bocados dulces como el amor de gente que se mira y no se toca. Tan fuerte es ver que se puede vivir de otra manera. Pobres de estos chicos enemigos de los lunes. ¡Ay si los instantes pudieran ser eternidad y la eternidad instantes! Caprichos de una flor para decir lo que no se puede decir. Estirar el momento para no morir hoy en brazos del desamor. No hay mayor felicidad que detenerse en sueños de paz y tranquilidad donde haya algún otro para el que seamos el otro. Del amor al amor solo hay amor...
         Voy a cortar con tanta dulzura: vamos con todo. ¡Vamos que se va! ¡Hasta el final vamos a bailar! En medio de ese revolver, en medio de esas poses osadas y atrevidas, una sábado cualquiera, él encontró al pata de lana colgado de una percha. Estaba muerto de frío el pobre infeliz. Congelado. ¿Qué hacía ahí el tipo? ¿Esperaba su "turno"? El cornudo no tuvo mejor idea que descongelarlo de una trompada en la cabeza. Tan fuerte le pegó que lo rompió. La minita rompió a llorar. La yuta llegó y se llevó esposado al corneta que le rompió la jeta a dos ratis. Antes de meterlo en el ascensor para bajarlo del edificio, le dieron la paliza de su vida. Los policías son, en su gran mayoría, morochones brutos que gustan de pegar a mansalva sin pensar en la integridad del otro. Vieja escuela. La posta es que al pibito lo metieron en la lancha todo ensangrentado. Los cobanis prendieron la sirena y salieron matando. Les costó un huevo meter al tipo en el coche entre cuatro, dos de ellos con la ñata y la boca rota, ya lo dije. Antes de subir, el pibe le pateó las bolas a los otros dos que intentaron meterlo. Una vez arriba fue metiendo cabezazos y mordiendo cuellos mientras lo otros le echaban gas en los ojos, piñas, palazos, amenazas de muerte y todo lo que surgiera de la desesperación de estos negros vestidos de azul. Detrás del patrullero iba la putita gritando y llorando y pidiendo por la libertad del que mató en vida..
           Redoblo la apuesta porque las tengo bien puestas: una vez en la Comisaría se armó un quilombo de la gran siete. La fiscal y el juez pertenecían a una agrupación femitrolista. Lo iban a imputar por violencia de género ya que, según dijeron, al matarlo al pata la había lastimado a ella. ¡El pata de lana y la trola son una sola carne! ¿Lo pueden creer? El Estado no cree en el amor ni en Dios pero sí en la unión ficticia entre una putita adúltera y su machito amante de roperos y fechorías varias. Es demasiado fuerte. Las cosas que uno se tiene que enterar en su trabajo de campo. Es más, para inculpar al pobre corneado iban a decir los jueces, fiscales, policías, periodistas, activistas, militantes, sindicalistas, vecinos, famosos, políticos y trolos y trolas; iban a decir que el guampudo era un dorima golpeador y un violador de su propia mujer. La idea era mostrar al patita de lana como un defensor de la mujer. ¡Todo sea por seguir adelante con el chamuyo de la violencia de género! En medio de tanto testeo judicial acordaron acusar al finado de intento de robo, secuestro y violación. La minita pidió por su macho legal y terminaron todo el circo declarando la legitima defensa del que con una piña mató a su peor enemigo. Ahora ella y él están juntos de vuelta y en la dulce espera. Ella se arrepintió de lo que hizo y él la perdonó como buen cristiano...

       

sábado, 20 de julio de 2013

Hace unas tardes...

     






       
          Hace unas tardes me fui a vagar como de costumbre. Me perdí en el Palermo careta y burgués y por momentos me encontré con el suburbio de Evaristo Carriego. Parece mentira pero hay casas bajas todavía. Esperemos que no construyan "Palermo Trolo". Están haciendo mierda la ciudad con tantas edificaciones. Seguro que hay gorilas putos que se sientan en la puntita de las torres con el culo todo ensangrentado. Gente de mierda. Decía que me largué a caminar. Como un rayo atravesé el barrio armenio y luego me enrosqué en medio de barrios metidos en otros barrios pero sin salir de los límites de un mismo barrio. Cada vez que camino la calle, y es algo que hago todos los días, noto que hay una paradoja de Zenón en cada cuadra. Creo que cada segmento de la ciudad puede partirse a la mitad hasta llegar al infinito. ¿Miento al decir que cada callecita perdida de Buenos Aires contiene la eternidad en sus veredas, sus cordones, sus arbolitos y las fachadas de sus casas viejas? Es tan lindo perderse en esas caricias para la vista. Es hermoso ver el pasado lleno de poesías y amores que florecen en los corazones de los que saben ver. Cuando marcho por lugares que resisten al tiempos siento que hay dos jóvenes amantes que me miran desde el cielo. Varios amantes. Siento que los que ya no están inspiran mis pasos erráticos y vagos. Corto camino por todos lados. Sé que tengo que llegar a Plaza Italia pero voy por cualquier lado donde vea casitas bajas como las de antes. Estoy obsesionado con la Buenos Aires de antaño.
          Antes todo era barrio. ¿Ustedes sabían que los barrios caretas de hoy alguna vez fueron suburbios? Me corren mariposas en el estómago al saber que alguna vez hubo magia donde hoy hay vidrios y metal y un guardia de seguridad que te mira con cara de orto por estar vestido con ropas modestas. A veces pienso que las casonas que quedaron son nuestro tesoro. El Estado debería declararlas Patrimonio de la Argentina toda. Hay que parar el genocidio arquitectónico. El progreso gay podrían llevárselo al Interior o a los países limítrofes. Necesitamos arrabal, potrero, metegol, empedrado, almacén, tanos, gatitas, gallegos, soderos, minas, tango, recuerdos, besos, flores, limoneros, esquinas, pasiones y sueños; necesitamos Patria. Lo que tenemos hoy son tipos cosmopolitas y afeminados, tipos "light" que odian el asado y fútbol y que dan ganas de meterles un revés. Me da bravura ver todos estos advenedizos. ¿De dónde mierda salieron estos arribeños de nombres raros e impronunciables? ¿Dónde quedaron los machos criollos que salían a baldear la vereda? ¿Dónde quedó la Primera Comunión, los abrazos y las lágrimas luego de un gol en un baldío sin límites? ¡Padres que veían crecer a sus hijos y que se emocionaban con sus primeros pasos!  Cada vez lo sostengo más: algunos somos más argentinos que otros. Un tipito burgués que no le gusta el fútbol, no come asado y no tiene sangre española, italiana o india, ese no es tan argentino como yo. Ese es un caído del catre que le está mintiendo a todos queriéndonos decir cómo somos los argentinos. Si ese lacra apátrida que levanta torres dónde otrora había potreros, es argentino, yo soy el Brigadier Don Juan Manuel de Rosas.
        Meto más, con aguante y sin achiques. A lo macho criollo. Y meto porque nadie me la mete ni me la dejaría meter. Yo soy de carácter bravío como el macho cabrío que te pega en el baldío una noche de mucho frío. ¿Dónde quedó el fulbito, los asaditos, los mates, las empanadas, las reposeras, las tardes, el sol, el pasto, las charlas, los besos, los anhelos, las ventanas, las banderas y los amaneceres en la puerta junto al perro y los amigos del barrio? Creo que nuestros políticos nos vendieron a las inmobiliarias y a las constructoras. Ahora todo eso fue reemplazado por torres llenas de nenes bobos que se la pasan en el departamento jugando a ser policías o terroristas detrás de una pantalla. Los ricos se quejan de la inseguridad, que existe, no es ninguna sensación, pero ellos, los burgueses, se encierran más de la cuente en torres de cristal llenas de vigilantes analfabetos. Uno ve un edificio de hoy en día y parece una cárcel con sus cámaras, sus rejas, sus vigías y toda la mierda metálica que cerca los sueños de los niños. ¿Para eso la gente quiere vivir en un barrio determinado? Podría ir toda esa gente al Interior de la Patria donde nuestros paisanos van por la vida más tranquilos que acá. ¿Por qué todos quieren ir a Palermo, Caballito o Villa Urquiza?  Barrios de arboles y casas bajas llaman la atención de los parásitos que se dedican al rubro inmobiliario. Entonces meten una torre y luego otra. Al poco tiempo el apacible barrio de casitas deviene en una gigante jaula de cementos con torres como barrotes.
         Difícil caminar entre rosas y espinas, entre el barrio viejo y el de los piojos resucitados. ¿Quién los pidió? Yo procedería, con las excepciones del caso y luego de las evaluaciones pertinentes, digo que demolería la gran mayoría de los edificios construidos en los últimos años. Son feos. Antes el arquitecto era un artista, un escultor a gran escala, un pintor que usaba cemento y hormigón como materiales de su creación. Ahora cualquier comerciante hijo de puta tiene título de la Facultad de Arquitectura de la UBA. ¿Por qué tanto mal gusto? Todas las torres son más o menos parecidas. Vidrios por todos lados, cero verde y toda esa onda careta y artificial. Una mierda. En medio de mi bronca antiburguesa fui cortando calles robándole postales al pasado. Recuerdo haber entrado a una iglesia en ese hermoso atardecer. Recé. Dios me escuchó como de costumbre. Me da todo lo que necesito y todavía más. Salí y vi ahí cerca una plaza media rara, una plaza metida en medio de una manzana con dos salidas. Más que una plaza, parecía un corredor verde en la mitad de una cuadra, en medio de dos calles. Locuras de arbolitos que nos permiten respirar en medio de tanto cero, de tanto humo, de tanto menos. ¿Les conté que el otro día casi me atropella un rico hijo de puta con su Audi? Tengo anotado la patente pero no la voy a decir. El tipo tiene todas las de ganar como miembro del estamento burgués que nos gobierna (todos los políticos son burgueses: Macri, Kirchner, Altamira, etc.). Lo más lindo de la zona no son los restaurantes de comunistas reciclados, aunque lindas las fachadas y la onda artesanal de esos locales llenos de frívolos y ateos. Hay que reconocer que hay gente progre con buen gusto, gente que pinta las casas de lindos y colores y vende rico té (me doy cuenta por el olfato, jamás tomé nada en esos lugares que te cobran cien pesos por una taza de café). Lo lindo del lugar es el barrio de los armenios. Me caen bien los armenios. Armenia fue el primer país en convertirse al Cristianismo. Los armenios son buena gente. Lo único bueno que hizo Néstor Kirchner en su vida fue reconocer el Genocidio Armenio. Aprovecho para reconocer yo también la desgracia de un pueblo hermano. Saludos a la gente de la colectividad armenia. Siempre sean bienvenidos los cristianos en esta patria que es cristiana y no otra cosa.
        De a poquito se iba haciendo la noche. Yo caminaba pensando no solamente en el paisaje sino también en un viaje a pie por la Patagonia. Esa tarde de principios de junio estaba fresco. Doce grados o trece. Llevaba solamente un buzo livianito. Caminaba cada vez más rápido para no sentir nada. Me enteré de la temperatura al poner la ñata contra el vidrio de un local y ver una tele con malas noticias. Yo soy de aquellos pelotudos que van caminando por la calle y chusmean todo lo que pasa a su alrededor. Incluso miro adentro de las casas y los comercios. Todo lo miro. Me encanta mirar. Me largo a la deriva pero con ciertos objetivos. Es muy loco lo mío. Sé que tengo que llegar a Retiro, Plaza Italia, Puente Saavedra o Plaza de los Virreyes pero aprovecho e invento caminos raros y por momentos me abro demasiado. Puede pasar que al final termine en otro lado pero siempre tengo una referencia para volver a mi casa en colectivo. Necesito ir a las terminales para viajar sentado atrás de todo con un libro en la mano. Quizás mi costumbre de patear las baldosas nació por la necesidad de viajar bien. No soporto estar parado y que un negro me toque el culo. Ya le he dado paliza a varios por acosarme. Tengo necesidad de sentarme y leer. Cuesta mucho leer parado si el libro no es una edición de bolsillo. Digresiones aparte, ahora el caminar es lo que más me gusta en esta vida. Y caminaba esa tarde, caminaba con el único plan de llegar al fondo de la avenida Sarmiento y tomarme allí el 141. Bajo las primeras noches del cielo pensaba en el Sur, en las chicas del Interior, en los amores del campo y la montaña; pensaba en la Patria, en irme a la mierda. En el Interior no hay tantas mierdas de edificios, bocinazos, chetos, chetas, cabezas, chorros, drogados, viejos, viejas, vagos, periodistas, diputados, humos, rejas y toda porquería que pueda haber en un lugar como este. Creo que las provincias son como un baldío gigante o un potrero eterno esperando que alguien salga a la cancha a jugar (no menosprecio a la gente de los confines pero son poquitos los que viven en las lejanías). Ahora, ¿por qué hablo de lejos o cerca? ¿Buenos Aires es referencia de algo? ¿No será que nosotros somos los que estamos lejos?
         Bueno, voy a apurar el relato porque ya me cansé de hacerme mala sangre con la gente mala que es mayoría en los barrios de la clase mierda. Digo que luego de mucho andar, mucho meter pata ancha, mucho trepar calles y esquivar avenidas; luego de mucho contemplar, mucho vagar, llegué a las inmediaciones de Puente Pacífico. Me abrí un poco. Me dejé llevar. ¡Arranqué en el Cid Campeador!  Sabía que mi destino final habría de ser un asiento vacío en el 141. Lo que no sabía es que iba a pasar por la puerta de Radio Diez. Del otro lado del vidrio vi al hijo de puta amargado de Antonio Laje. Él me vio a mí pero bajó la vista. Tenía ganas de bajarme los pantalones delante de ese pelotudo. Lo que sea por joder a un puto periodista burgués y de Derecha. Quería mostrarle el trasero pero dije no, "este pelotudo no vale una noche en la Comisaría". Jamás pensé que iba a ver a este mamerto un día cualquiera. Se nota que el tipo está acostumbrado a que lo miren con bronca. Nadie lo quiere, ni su mamá. Por eso miró al piso y se puso la mano en la frente. Un pobre tipo. Una sola ceja tiene el infeliz y mucha plata en el banco. Juro que no lo soporto. ¿Habrá algún tarado que defienda a este amargo?  Me asombró la capacidad este tipejo para hacerse el boludo. La costumbre crea costumbres. No entiendo cómo en los medios hay tipos como este o como Feinmann. La Argentina da para todo. Por culpa de los taxistas lobotomizados a fuerza de sartenazos, por culpa de estos viejos pelotuditos olor a meo, hay gentuza como la que nombré que puede seguir lucrando. Otra de las cosas por las cuales me iría al Interior es que no hay tacheros...

Títulos.

   





        De ayer nomás. No sé ni me importan las fechas. Tal vez escriba esto hoy y lo leas en mil años. Nada importa tanto cómo decir que, bueno, hoy no estoy para grandes frases. Fue muy simple: anteayer, viernes, supe que saqué un diez en el parcial de Teoría y Análisis Literario. Vos sacaste siete. Te gané en un 30%. No, es un chiste. Hay que reírse un poco. Me estoy cagando de la risa al imaginarme las caras que habrás puesto al ver mi nota. Soy criollo y bien católico y, sin embargo, me fue bien en una materia repleta de autores marxistas y parientes tuyos. La pasé bien con Lukács. Ese tipo tiene cosas interesantes a pesar de estar en la vereda de enfrente. Y me gustó Deleuze. Mismo, el texto de Trotsky sobre los Formalistas me hizo matar de la risa. No la pasé mal una vez adentro del sentido de las lecturas. Me costó mucho terminar con un promedio de nueve pero bueno, la vida del estudiante es no tener vida. Todo el santo día leyendo cosas que a veces no son tan agradables. Hasta acá; no me quiero meter demasiado con esto. Lo único que digo es que soy argento pero no pelotudo. Quisiera estudiar el pensamiento de Charles Maurras pero antes hay que ver cómo piensan los otros. ¡Vamos! ¡Vamos que la vida sigue!
       Ayer me fui a la facultad a la noche solamente para ver las notas en la cartelera del Departamento de Letras. Viajé desde Lugano solamente para eso. No es una odisea pero bueno, preferiría haberme quedado en casa con el frío que está haciendo estos días. Pero esto no es el cuento. Resulta que me bajé del 141 y me encontré con un indigente que comía de la basura. Lo vi de espaldas revolviendo lo que ya nadie quiere. Su espalda fue lo primero que vi al bajar del bondi. Pasé caminando al lado del tipo y me pidió unas monedas. Le di lo que tenía: tres putos pesos. No tenía más. La vida del estudiante es una vida de austeridad. Me dijo que estaba en la calle y que necesitaba plata para comer. Me partió el alma. Se notaba que no era borracho, drogado ni travesti. Capaz que de vez en cuando se tomará un vinito pero no era el típico vago choborra que copa las calles de Buenos Aires. Luego de que le di mis moneditas, me preguntó la hora. Yo saqué mi Nokia 1800, un celu de los más viejos y berretas, y le dije: "Son las nueve menos veinte". Cuando le dije la hora lo miré a los ojos. Vi que tenía ojos verdes como los míos pero no del verde claro que caracteriza la mirada de los ricos; no, era un verde mezclado con marrón, sufrido, triste. Mis ojos en los de otro. También vi que en medio de esa costra de mugre se ocultaba una piel blanca como la mía. ¡Ese tipo soy yo pero ciruja! No faltará el pelotudo que diga que yo me duelo de este infeliz por ser blanquito de ojos verdes. No señora. ¡Yo veo a los negros africanos que venden joyas y también me dan lastima los pobres con sus ojos marrones llenos de tristeza y resignación! Tengo lastima de los negros, de los bolivianos, de los morochos; de todos aquellos que no tienen la culpa de haber nacido pobres. Pero con este pibe que me pidió limosna me pasó algo especial porque me vi en su rostro. Fue muy fuerte. Sentí que quería conversación. No me quería robar. Generalmente, el que revuelve los residuos no suele ir de caño ni arrebatar. Alguno pensará que no me zarpó al ver la poronga de teléfono que tengo. No, este tipo era bueno de verdad a pesar de su desgracia. Recuerdo que fijó sus ojitos en mí como implorando algo que yo no podía darle. Solo quería que lo miren a los ojos como un ser humano y yo lo hice. No podía hacer menos, tampoco más.
          Dedicado a ese pibe que tal vez nunca vuelva a ver. Dios lo proteja.

viernes, 19 de julio de 2013

El cagadero (tercera parte).

       







         "Hoy les ofrecemos: El cagadero (tercera parte)". ¿Les gustó mi presentación gringa? El día que me muera los gringos harán comedia con mis escritos y aprenderán de verdad lo que es el alma de Latinoamérica. Ellos, los yanquis, piensan que esta región es una selva gigante poblada de indias culonas que bailan toda la noche y no es así, no. También hay gente como nosotros que se caga de frío días como hoy y que cree en el amor, el matrimonio y la familia. Esas vaginas mojadas que cruzan la frontera no representan a nadie excepto a sí mismas. Pueden seguir con el baile orgiástico hasta el final que algún día les arruinaremos la fiesta. No es cuestión de hablar de igualdad racial, Derechos Humanos y todas esas pavadas ante la supuesta superioridad de los gringos. Es cosa de zurdos decir que todos somos todos iguales. Tampoco hay que hacer la de los burgueses putos, cipayos y traidores a la Patria de la Derecha que dicen que los del Norte son mejores. No, yo voy a redoblar la apuesta para que vean que soy criollo y que me sobra el aguante. No creo en razas superiores pero si tiene que haber una raza superior en el continente americano, esa es la raza argentina, la raza criolla con sangre india, española e italiana. Esta es la raza que venció a los ingleses en tres oportunidades en el siglo XIX (Invasiones inglesas de 1806 y 1807 y Combate de la Vuelta de Obligado. Alguien dirá que no ganamos el combate pero, a pesar de la inferioridad numérica, obligamos a los putos perros anglo-franceses a saludar nuestro Pabellón con 21 cañonazos). Pudimos haber ganado en Malvinas pero nos gobernaba una burguesía puta y traidora...
          No faltará el teórico burgués que me pregunte cuál es la "raza argentina". Bueno, sepa el amigo de los intelectuales avinagrados de la Derecha, esos que son los Santos del Pensamiento en la Argentina, sepan todos estos tontos que la raza argentina es la de aquellos que pelearon en Malvinas y en los montes tucumanos. La raza argentina es la misma que cruzó la Cordillera de los Andes y que le ha dado palizas históricas a los ingleses, franceses y brasileños. Por más que a una vieja amargada del diario La Nación no le guste, sepa ella que las islas Malvinas son argentinas. Este vinagre postmenopáusico dijo que nuestras islas no valen nada, que hace frío, que están desiertas y no sé cuántas pavadas más. Yo respondo con una sola objeción a la gente que piensa que nuestra soberanía no vale un pingo: Si las islas del Atlántico Sur nada valen, ¿por qué los ingleses están cada vez más instalados allí hasta el punto de aumentar el número de efectivos militares? El Nacionalismo Católico es el único que viene sosteniendo la causa malvinera desde el fin del conflicto. Incluso, mal que le pese a los ortivas que nos gobiernan, ya mucho antes de la Guerra defendíamos esta causa que es la de todos los argentinos de bien. La raza argenta habrá de recuperar el suelo patrio usurpado por el pirata anglosajón o perecerá en el intento.
         La zurda vernácula es funcional al imperialismo gringo desde el momento que le da la espalda a la gesta malvinera so pretexto de que la Guerra se llevó a cabo bajo un gobierno de facto. Nadie reivindica al borracho puto de Galtieri. Me chupa un huevo él y todos los milicos cagones de la alta oficialidad que desoyeron al gran Coronel Seineldín el día que este les dijo que podía haber una guerra con Inglaperra. Nadie le creyó. Por eso llegamos tan mal preparados al combate. Pero es lo que hay. La causa hay que reivindicarla contra viento y marea. Desde Izquierda y Derecha pelean por hacernos olvidar lo nuestro, lo que nos corresponde como hijos de la raza criolla que alguna vez fue mandada por el Ilustre Restaurador de la Leyes. Voy por más todavía: La Argentina debe reconstruir el antiguo Virreinato del Río de la Plata. Una vez que estemos fuertes en esta región, debemos ir por todo el continente hasta derrotar a los yanquis y demostrar nuestra superioridad racial, moral y religiosa. Si hay un pueblo superior, es el nuestro. Si con lanzas tacuaras y cañones oxidados hemos dado batalla heroicas, ¿cuánto más podremos hacer con armamento de última generación? No crean jamás que los anglosajones son más que nosotros. Siempre fueron menos y siempre lo serán. Ellos son hijos nuestros hasta el Día de la Resurrección de los Muertos.

         Vamos al cuentito de hoy antes de que se me vaya el recuerdo de los hechos más los agregados arrebatados a las narraciones ordinarias que suelo utilizar. Yo me cago en todo. De ahí que vaya por la tercera parte de este ciclo llamado El cagadero. A diferencia de los franceses modernos, tipos afeminados al igual que los ingleses, nosotros, los criollos, vamos a cagar y nos limpiamos el culo con la tricolor francesa, con la Unión Jack y con la banderas rojas de los pelotudos que suenan en la radio. Nada de delicadezas. Comemos asado a lo macho, chupamos vino y luego vamos al biorsi como consecuencia de un fernet que hace las veces de purgante. Se preguntarán de dónde nace el mito del cagadero. Resulta que yo laburaba en una petrolera gringa a la cual le hacía todas las maldades habidas y por haber. No es que estos parásitos lameconchas de Máxima me chupaban la sangre a mí; no, yo les hacía la vida imposible a ellos desde mi humilde lugar. Si comentase todas mis fechorías no terminaría nunca. Pero hoy voy con una bastante inocente y que no ha de traerle problemas a nadie (ni siquiera a este buen servidor). "Cagadero" es una palabra que quizás escuché antes pero que me rompió el cerebro en la boca de un compañero. Él hablaba del inodoro como "el cagadero". Yo inventé una frase para los tacheros hijos de puta que tienen la costumbre de mear la tapa del biosi y las paredes de alrededor: "Cagadero no es meadero". Me rompe soberanamente las pelotas los tipos que van a pillar donde se debe cagar. Solamente las minas pueden hacer pis porque, pobrecitas ellas, por mucho que hablen de igualdad, no les queda otra que sentarse, abrirse de gambas y dejar correr el río que sale de la vejiga.
           El cagadero se convirtió en un lugar sagrado para mí. Como yo soy muy antisocial y malhumorado, prefería ir a limpiar la mierda de otros antes que bancarme a las viejas putas de Zona Norte; viejas que te piden que le limpies los vidrios, que le midas aguas y aceite, que les infles las gomas (bien querría chupárselas) y que luego de semejante laburo, no te dan ni las gracias. Odio a la gente que no deja propina. Burgueses avaros de mierda. Les prendería fuego el auto. Decía yo que con tal de no bancarme al caretaje burgués, prefería mil veces limpiar la cacona de estos pelotudos. A veces la caquita es más linda que su autor, por lo menos los soretes no hablan. ¿Es verdad que el baño de mujeres es más sucio que el de hombre? Sí, es verdad. Creo que ya lo dije pero por las dudas lo repito: cuando sale la mierda para todos lados, paredes incluidas, significa que a la cagadora le han limado el buje. Sino no se explica semejante parto anal. De un anito cerrado sale un soretito normal. Por ahí el tipo es grande y duele al salir pero cae derechito. Pero cuando hay lluvia negra es porque ahí hubo una abundante lluvia blanca antes. Uno aprende mucho viendo lo que caga la gente, cómo caga, hacia dónde apunta el orto y todo ese tipo de cosas que hacen a la balística fecal. Yendo a un baño público yo puedo saber si cagó un puto, un rico, un pobre; puedo saber qué comió o no la persona, puedo saber todo. Hasta la edad del cagador. Es más, entre teresos de distintas personas puede hacer distinción y saber quién es el autor de cada obra (o sobra).
           Demás está decir que las minas hacen mucha mugre con la menstruación. Tiran las toallitas en el inodoro y tapan todo. ¡La puta madre carajo! ¡"Mierda carajo" decía la vieja pelotuda de los almuerzos! Este negro de mierda que soy yo le limpiaba la mierda a los hijos de puta de los barrios caros de la ciudad, barrios que algún  día, según la profecía de Don Orione, Santo de toda mi devoción, habrán de inundarse de una manera tal que todos los ricos morirán ahogados. Escuchen el tema Las aguas turbias suben esta vez de Almafuerte para saber de qué se trata todo esto. Vuelvo a los trapos mojados en sangre y semen de las tipas: las minitas se la dan de limpitas pero hasta la más señorita hace inmundicias en el ñoba. Arrojan sus trapitos rojos en cualquier lado, tapan inodoros y chorrean de jugos gástricos todo lo que rodea al cagadero (este debería ser el destinario natural de tantas cosas feas). ¿Se enteraron ustedes del tampón etílico? Parece que en España las mujeres mojan un tampón con vodka o alguna bebida y luego lo introducen en su vagina. Se emborrachan por la cachuchita. Parece que así el alcohol va más rápido al torrente sanguíneo. Esto es verdad. Gogleen tampón etílico y sabrán de qué habló. Dicen que soy misógino pero en realidad soy un ginecólogo que se formó como autodidacta en los bañitos de una estación de servicio. Yo sé mucho de la anatomía femenina y de lo que piensan las mujeres. Por saber sin medida me putean tanto. Siempre se persigue al tipo que sabe. A pesar de todo, a pesar de las presiones, insultos y amenazas, yo seguiré escribiendo. Esta la literatura que le gusta a la gente, la que sale como pan caliente...
             Esto fue solo el preámbulo para ir entrando en lorca. "Oie como va, mi ritmo, bueno pa' gozar, mulata". Digo yo que "esto se pone caliente, como una vieja sin dientes". No sé porque hay tipos de mal gusto que buscan mujeres sin dentadura. ¿Será más lindo besar a una mina que tenga boca de tortuga? ¿O será que estos tipos son dentistas que se quieren salvar para toda la vida? ¡Como si esa pobre gente tuviera para pagar lo que perdió por la pobreza! Bueno, ya pasó la entrada y fue a pura sabor, sabor. Vamos al locro. El héroe de esta historia, que no soy yo, estaba cagando en el vestuario del personal. Se metió de prepo. Yo, para romper un poco las pelotas, para matar el tiempo antes de que el tiempo me maté a mí, no tuve mejor idea que gritarle a un compañero mío: "¿Le tiramos agua al viejo?" El pobre tipo gritó bien fuerte: "¡Estoy cagando carajo! ¡Quiero cagar en paz! ¡Hijos de puta! ¡Los voy a matar a todos!" Mi compa me dijo que yo soy un nazi hijo de puta por no querer a los viejos. Yo le dije que no soy nazi, que rompo las bolas para escandalizar a los viejos (es verdad que no me gustan los viejos mañosos Tengo un textito dedicado a ellos). Le dije también que solo soy un pobre tipo lleno de rebeldía. En realidad, y lo digo siempre, "Alan es Alan". No me pongan rótulos. Me identifico con el Nacionalismo Católico. Lo demás son etiquetas de los comunistas burgueses que viajan en BMW. Bueno, el viejo se nos está cagando en la espera, volvamos a su relato. En realidad, el tipo no era tan viejo. Con toda la furia tendría unos sesenta y cinco. Lo vimos salir bien derechito, firme y duro como un macho cogedor de las pampas. Llevaba una tira de cuero, una fusta, y comenzó a desparramar golpes sonoros contra las paredes mientras decía: "¡Hijos de puta! ¡Ustedes cuidan la propiedad de estos gringos atorrantes! ¡Les voy a azotar el lomo y me voy a coger a su vieja!" Mi amigo y yo nos habíamos escondido pero igual lo veíamos al tipo revolear rebencazos para todos lados. Estaba vestido con bombacha de campo y camisa blanca con una escarapela grande como la bandera de la Plaza de Mayo. Muy patriota el tipo. De haberlo visto antes no lo habría jodido. Yo hinché las bolas pensando que era un burgués, un careta. Sabía que había alguien en el cagadero por estar la puerta cerrada. Todos mis compañeros estaban afuera atendiendo techos amarillos y viejas paquetas. Por el odio que estas últimas me generaban, ya lo he dicho, me hice yo encargado de limpieza, reposición, mantenimiento y todo lo que no sea atención al público (odio a la gente, soy muy peleador y creo que el cliente casi nunca tiene la razón. Solamente tiene la guita que le robó al Estado evadiendo impuestos. Me cago en los usureros que viven bien y tienen buenos autos. Ellos fueron culpables de la Dictadura). Muy bien, parece mentira pero el toro quedó tan loco que salió a la playa e hizo un quilombo monumental...
          El tipo estaba sacado e insultaba a Máxima, a Inglaterra, a Holanda, a Videla, a los comunistas, a Kirchner, y a todo cuanto fuera opuesto a la Patria. En un momento se golpeó el pecho y gritó: "Viva Perón carajo!" Todos se cagaban de la risa pero yo escuchaba muy atentamente. No había mucha gente en ese momento. Sábado por la tarde. No sé por qué pero ese día la calle está vacía. Los hijos de puta de los burgueses caen por la noche o lo domingos con la tarjeta de crédito (odiaba laburar los domingos, yo quería ir a Misa y me tenía que bancar a esa manga de ateos materialistas que se cagan en el descanso dominical. Yo prohibiría trabajar los domingos so pena de azotes en la espalda). Yo miraba y escuchaba. Hasta que vi pasar a un vago que una vez se fue sin pagar. Era un tipo de un muy buen auto que siempre que te podía zarpar lo hacía. Un hijo de puta. Creo que era comisario o milico retirado. Algo era. Sé que era bien liberal. Hablaba mierdas de Seineldín y decía que era un "turco de mierda". El viejo que decía estas boludeces dijo ser menemista. Lo odiaba. Al ver pasar a este personaje, me acerqué al gaucho enfurecido, el criollo que estaba sacado por la broma que yo le había hecho, y le dije que el tipo de bigote que estaba saliendo del minimercado le había hecho la joda. Para hacerlo enojar más, le dije también que el tipo que lo jodió es ateo y que se caga en los símbolos patrios. Mi gaucho matrero lo agarró al macrista y le dio una paliza para la historia. Al grito de "¡Viva la Patria carajo!" le metía un tortazo tras otro mientras el golpeado no entendía ni mierda. ¿Hace falta decir que mi gauchito, mi hombre de campo, estaba en pedo? Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad...