Respeten sus progreleyes y no sean contradictorios censurandome.

El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)



Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.



- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a Libertades del Tratado para el que se establecia una Constitución Europea)

sábado, 31 de agosto de 2013

El regreso del tecnógrafo (el arroyo Cildañez)

      








         Hoy quería compartir con todos ustedes, estimados y no tan estimados lectores, un texto que me mandó mi amigo personal Alexander Pushkin. Es cierto que yo no lo escribí pero soy protagonista de esa historia así que, de alguna manera u otra, soy también autor y bueno, como decimos los de Letras, somos todos escritores en mayor o menor medida. El toque personal del muchacho es evidente de todas formas. Aquellos que me leen saben de mi realismo crudo. Lo que les presentaré a continuación encierra cierta tonalidad metafísica que me es muy ajena. Soy hombre católico, de fe, pero no conseguiría jamás la profundidad espiritual de mi inseparable compañero de aventuras. A él le doy las gracias por permitir que lo publique y a ustedes les agradezco su compañía. Un abrazo a todos y que lo disfruten. Alan.

        
         Querido profesor, lamento estar interrumpiendo posiblemente alguna cosa en la que esté ocupado, pero creo que es relevante el hecho que quiero comentarle al ser la ciencia tecnográfica también un estudio sobre la vida.
          La historia comienza un viernes de fecha 23 de agosto, en una tarde azulada de invierno, cuando me encontraba caminando cerca de lo que queda del parque de la ciudad. A medida que oscurecía el cielo, la vereda que acompañaba a la avenida Coronel Roca se tornaba más fría y peligrosa, sintiéndome yo un niño indefenso a punto de perder la sangre y la billetera en el suelo. Yo caminaba lentamente, recordando algún amor amargo de esos que llenan un poco el pensamiento cuando uno tiende a no tomar las riendas de la vida. De pronto me encontré con una especie de río que, por lo que sé, desemboca en el Riachuelo; su olor podría describirlo mencionando dos cosas: un perro muerto de hace cinco o seis días, al cual nadie le tiene suficiente respeto como para sacarlo de la vista y el olfato de todos, y lo que provoca la idea de perder en un segundo toda la memoria de nuestras vidas, hasta ser una hoja en blanco. Combinando estas dos imágenes se puede hacer una descripción total de aquel olor. Me detuve a mirar el río hasta que se hizo la noche. El río estaba inmóvil, lo detenía un pequeño dique ubicado bajo el puente de la avenida. En las aguas ya sólo se veía el reflejo de las luces de la ciudad. Otro puente, a lo lejos, marcaba el fin del río (tal vez con otro dique debajo). Era increíble: un río recortado por las manos del hombre. Veía pasar coches y camiones de carga en aquel punto contrario. Mi mente no era capaz ni de controlar mis propias palabras. El mundo era un todo cerrado sobre el que no podía más que reducirme a una mirada perpleja y pudorosa. Los mocos se me caían sobre los labios helados, pero yo seguía inmóvil ¿Qué clase de dios me dio la percepción y la vida? ¿Qué clase de hombre puede tener una expresión cálida en su rostro después de haber visto las estrellas tapadas por el humo de las fábricas?
         Di media vuelta para retirarme y me encontré con el rostro de alguien:

-Se te están cayendo los mocos, límpiate.- Me dijo.
     
      Al no tener pañuelo, me agarré la nariz con el índice y el pulgar como haciendo una pinza y me apreté la nariz, tomando los mocos con las yemas de los dedos, y luego los dejé pegados en las rejas que daban al río.

 -Lo que haces no es muy satisfactorio, después se te van a chorrear más, tenés que sonarte. Apretáte un hueco de la nariz y largá todo en el pasto. Es un asco, pero bueno, si ya estás embarrado…
Le hice caso. Me salió medio mal y me quedaron mocos en la cara, así que tuve que limpiarme de nuevo en el pantalón.

- ¿Pegamos la vuelta?

-Sí.- Dije.
      
         Empezamos a caminar para el lado del autódromo. El tipo había aparecido de repente y tomé el hecho como si nada. Parecía conocerme. Yo realmente no tenía memoria de cómo había llegado allí, sólo recuerdo que estaba caminando por aquellos lugares. Pero él se veía tranquilo y seguro de lo que estaba haciendo, como si nada anormal estuviese pasando.

-Decime… ¿Quién sos?

-¿Ya te olvidaste?- Respondió alterado (contrariamente a mis intenciones).- Somos amigos. Te cuesta captar la noción de amistad, me preguntas estas cosas a cada rato. Es como si desaparecieras por momentos en tus pensamientos o lo que sea, y luego intentaras volver a la tierra. Te tengo que llevar como un nenito a su globo.

-Se ve que ya me olvidé. Miro hacia atrás y no se dónde estaba. Ahora miro hacia adelante y es como una hoja en blanco que me espera, una hoja en blanco con forma de avenida que se dirige a la General Paz. Mejor dejo que me sigas llevando, pareces alguien honesto.

-Exactamente eso es la amistad. Somos dos compañeros de viaje que se confían sus tiempos y sus vidas sin más argumento que el de que nos parecemos honestos. Tal vez yo sea un judío y no te lo haya dicho, y lo único que pretendo es salvarme a mí mismo las papas mientras pueda, utilizándote para mis planes macabros. Hay muchos "talveces", pero nosotros nos parecemos honestos.
        
      Seguimos caminando. El fin ya era obvio, llegábamos a la General Paz y nos despedíamos. Yo me tomaba algún colectivo recomendado por él y me volvía a mi casa. Pero no era el punto. Algo había cambiado, se había disipado el ensueño de la existencia (en el sentido más real de existencia: una piedra existe al igual que nosotros, no hay distinción alguna más que la angustia que sentimos). De repente lo único que hacíamos era divertirnos un poco y ver cómo pasaban los autos o cómo al Gobierno de la Ciudad no le importaba en lo más mínimo esa zona de Buenos aires (de hecho, ahora que me acuerdo, habían construido un puestito de médicos en una plaza de Lugano en el que decían algo así como “el médico viene a tu barrio”, una inversión demagógica para evitar construir hospitales y gastarse la plata en “cultura”). Era una especie de Nosotros que no se trataba de distinguirnos del resto en forma de clases sociales, tribus urbanas, clubes, etnias, etc.; sino que era una sociedad muy frágil que, de hecho, ya tenía su final predicho a unas cuadras de distancia. El resto ya usted lo puede deducir: días después arreglábamos encuentros o cosas así, pero ya los dos estábamos en otra.

martes, 27 de agosto de 2013

Para pocos..

      








          Muy bien, qué nadie lea esto. No habré de divulgarlo como otras publicaciones de mi autoría. Poco y nada. No me interesa llevar este sentimiento nocturno a ninguna tribuna de doctrina. ¿Qué me pasa en esta madrugada? No sé por qué pero me acuerdo de las tardes de verano corriendo al lado de la autopista en Villa Lugano. ¡Hay tanta magia en medio del verde! ¿Por qué los atardeceres son tan bellos? ¿Por qué no pude quedarme a vivir en ellos? Nada queda por perder luego de ver la grandeza del sol marchitándose como si fuera tan solo una flor de oro. Nada cambió...
         Te deseo un poco. Triste anhelo que me hace reír. ¿Viste caer la noche en Pompeya? Creo que no viste nada. ¡Ay amor mío! ¡Tantas palabras en vano! ¿Nunca quisiste vivir aquello que te gustaría ser? ¿Y nunca fuiste algo más de lo que viviste? Y nada hay más que naderías enrevesadas en una avenida de Mataderos o en un bar de Barracas. No quiero ir para tu lado pero tendré que hacerlo el día que te lleve conmigo. Novia mía...
          No importa que se vaya achicando el párrafo si el sentimiento es cada vez más grande. El corazón no me entra en el pecho. Yo sé que vos lo estás leyendo. Esto es un diálogo. No es una bala disparada en las páginas amarillas de Clarín. Es para vos. Te amo y tengo muchas ganas de verte. No veo la hora de abrazarte y decirte todo lo que te esperé...
        Se va el río lejos de mis ojos. La bandera se eleva sublime sobre el horizonte y los barquitos se pierden en el fondo del galpón. La avenida Varela mira la plazoleta con cariño y pide un heladito de Palmeiras. ¡Vamos hasta Bonifacio! Todo paso con vos es paseo...
          Y en dos líneas nada creo poder decirte pero intentaré decirlo todo con una pausa sensual y lenta como el tiempo de la ausencia. ¿Por qué te vas? ¡Me podrías haber esperado! ¡Diosa!
           Ahora sí, hasta mañana y dulces sueños, angelito mío...

lunes, 26 de agosto de 2013

Sueños locos XI (el wachiturro cogiendo con la culisuelta)

   











   El sábado a la noche me encontraba yo en la soledad de mi domicilio escribiendo algunos artículos. No suelo salir de madrugada. Escribo. Solo. Inexistente vida social nocturna. Me quedo en casa pensando en literaturas extravagantes y me cuido de las borracheras y los fríos. Hace años que no tomo nada. Estoy más sano y santo que nunca. Cero alcohol, cero drogas (nunca tuve el hábito de fumar pero sí de hacer cosas peores que vergüenza me da contar). Me entrego de lleno al deporte y a la lectura en este tiempo nuevo y luego me doy a estas locuras que ustedes leen con odio. Así es mi ascetismo perverso. Soy un sacerdote del siglo XXI. Pero esto es puro prólogo. Solamente quería narrarles algo que me pasó y que me dio una terrible crisis de nervios con escalofríos, nauseas, perdida del sentido de la realidad y pesadillas nocturnas con lapsos de insomnio: me encontré a un wachiturro cogiendo con una una culisuelta. A continuación daré más detalles. A los que sean sensibles les pido que lean otros textos míos porque esto que se viene es más zarpado que un tumbero enloquecido por la paja y la marihuana...

  Yo estaba sentado frente a mi máquina y escuché potentes gemidos de mujer (eran más de las tres de la madrugada, la hora de Satanás teniendo en cuenta que Cristo falleció a las tres de la tarde). No sabía de dónde venía semejante excitación. Quizás del piso superior donde unos negritos cumbieros estaban haciendo una "joda". El canto de la fiera era realmente perturbador. En un edificio de familias, niños, niñas y ancianos no corresponde semejante espectáculo pornográfico. No me molesta que la gente haga sus cosas en privado pero sí me revienta el exhibicionismo y los ruidos molestos. Así que me levanté de mi asiento y me acerqué a la puerta para ver qué estaba pasando. Abrí con mucha discreción. Bien sabía que podía ser un ardid para robarme y engañarme con ese lascivo cantar de sirena bailantera (no iba yo a permitir una "entradera" pues me prefiero muerto antes de que le toquen un pelo a mi familia). Al salir de mi departamento supe que la voz ensordecedora surgía de la escalera que va al piso de arriba. Me acerqué rápidamente como un comando policial altamente entrenado y vi a una cola marrón agitarse con vértigo en una cabalgata desenfrenada. El coito era vaginal pero solamente se podían ver los repugnantes glúteos marrones de la experta jineta (se movía como una profesional). Si hubiera visto los genitales de la menor de edad, ahora estaría internado en un hospital fruto del estrés postraumático. ¿Por qué digo que era menor? Porque volteó su rostro al sentir mi presencia y contemplé sus rasgos de adolescente drogadicta con claridad meridiana. Típica morochita puta de estas que abundan por la zona sur de la ciudad...

   Les dije que no podían hacer eso ahí y que por favor se fueran. Al acercarme al primer escalón también vi la cara del sujeto: un tipo de tez trigueña, entrecejo superpoblado, cabello negro y ojos pardos. Ambos tenían la piel picada por el sol, la mala vida y la pasta base. Y puedo asegurar que ambos estaban enfermos por su promiscua existencia. Demacrados. Llenos de granos, ojeras, marcas y decadencias de todos los colores. Seguramente esa escoria se sintió intimidada ante una mirada verde como la mía y un porte viril y enérgico como el que me caracteriza. Un sujeto blanco y enojado da mucho miedo. Yo en ningún momento levanté la voz. Hablé con seguridad y convicción. Una vez que di la orden de desalojo, me limité a volver a mi lugar. Me quedé detrás de la puerta esperando represalias, amenazas, peleas, gritos y pleitos con todos los amigos que ellos tenían reunidos en el departamento de arriba en esa fiesta macabra. Nunca atinaron a vengarse porque yo les haya cortado el polvo en seco como a los perros. Solamente le escuché al pibe preguntarle lo siguiente a la putita cabalgadora: "¿Qué dijo?" Ella contestó: "Dijo que no hagamos ruido". Lo tomé como una ironía por parte de la yegua. Creí que iba a seguir con su danza siniestra y estaba preparado para volver pero esta vez con violencia física para con el receptor de sus conchazos (a una mina no se le pega por más que sea falopera, chorra, puta y borracha). Esperé y esperé mas mis oídos fueron testigos de la retirada de los invasores de palieres y escaleras. Al rato salí con mucha cautela para ver que efectivamente se hayan ido los salvajes unitarios y comprobé con mis propios ojos que el ritual demoníaco se había consumado en esos movimientos frenéticos propios de negroides subdesarrollados. Obviamente que antes de salir miré todo a través de la mirilla. Para eso está, ¿no? Lamento no tener cámaras...

    Una vez que retorné a mi casa, me dio un ataque de temblores, movimientos involuntarios, pánico, locura y confusión. No entendía nada. Me sentía violado. Es una sensación muy extraña que dos extraños follen casi en la puerta de tu vivienda. No me gusta sentirme atacado en mi tranquilidad y en mi paz interior. Uno está tranquilo en su hogar y con sus cosas y de repente una puta barata y un chorro vienen a cortar el idilio con uno mismo que es la soledad. Sé que este tiempo para mí es una cruz de malos trabajos, necesidades, pobreza, austeridad, encierro, estudio, sacrificio y frustraciones laborales y sentimentales. Acepto la yeta de este triste y solitario presente pero bajo ningún punto de vista voy a tolerar robos o fornicaciones en el edificio en el que yo vivo. Todo tiene un límite. No soy mojigato ni puritano pero tampoco la pavada de bancarse una garchada en tu pasillo o esquina. Todo bien con todo pero hay leyes hasta en el mismo Infierno y esto nos lo dice Dante. Además creo que en este caso hubo estupro o corrupción de menores. O tal vez se trate de una mujer de veinte pero muy menuda ella por la falta de alimentación y el consumo de drogas. Yo no lo sé todo. A mí nadie me ayuda en nada y acá el Estado parece no existir para ocuparse de estos vagos que se entretienen de malas maneras.

   Pero todavía hay más: hasta soñé con estos locos fornicarios de mierda. Me costó mucho dormirme entre los mareos, los temblores y el pánico. La vía pública y los lugares comunes de los edificios son sagrados. Pueden ir estos salvajes a copular en lo oscuro de sus cuevas pero no en sitios donde transitan las personas de bien. La subversión en las costumbres me parece algo muy grave y no le encuentro ningún valor desde lo ideológico o político. Es todo un insulto al Estado y a la Sociedad ponerse en esa pose rebelde de hacer las cosas sin conciencia del bien y del mal. Al día siguiente inspeccioné el lugar de los hechos y vi colillas de cigarrillos y envases de bebidas vacíos en el descanso de la escalera mas no he visto profilácticos usados. ¿Es posible que traigan más seres a este mundo a sufrir la nefasta y pesada herencia familiar?. No viene al relato la mención de mi peritaje. Estaba con la parte de la pesadilla que terminó de coronar una noche de mierda: eran casi las 4 a. m. cuando me metí en el sobre en medio de los nervios y la alteración. En algún momento, entre las pausas que me dejó el insomnio, conseguí conectarme con el inconsciente y ver cosas más terribles todavía que esos enfermitos morales. Mejor dicho, los volví a ver pero en una reminiscencia más atrevida de ambos y ya en una actitud que si fuera real podría terminar por enloquecerme del todo. Es mucho decir algo así pero sí...

   ¿Hace falta decir que no podía distinguir entre sueño, vigilia, temblores y realidad? Estaba en un estado de afectación total. No me gustan las palabras gringas pero sí, me encontraba en "estado de shock". Ya en lo soñado de este asco ocurrió lo siguiente: yo me despertaba en medio de la noche al sentir ruidos extraños en mi comedor y hacía allí me dirigía para ver qué ocurría. Ahí me encontraba a los mismas lacras pero esta vez en la posición del misionero. Yo los echaba con gritos y violencia y el pibe me decía que no me podía prestar a la chica pero que permitía que yo mire si era mi voluntad. Ahí nomás le metía un trompada en la boca y lo empujaba fuera de mi morada totalmente ensangrentado ante el llanto desesperado de su pareja. Luego cerraba la puerta. Ahí terminó la pesadilla que coronó una madrugada para el olvido. Se puede decir "yo soñé" pero no se puede decir "yo pesadillé". ¿Qué opinan de este neologismo? Los hombres de bien ya no soñamos sino que "pesadillamos" y así está el mundo que no tiene nada bueno ni siquiera en el fondo de la mente. Los ensueños y las imágenes oníricas han muerto aplastadas por el peso de una existencia social abrumadora e intolerable...

  ¡Bienaventurados de los que no vieron lo mismo que yo! A pesar de todo me encuentro bien. Solo que me molesta que mucha gente me trate de loco por verme afectado por un incidente así. ¿Acaso es normal que los drogados se den matraca en las escaleras, palieres y lugares comunes de los edificios de viviendas familiares? ¡Dios me libre y me guarde si esta anormalidad es la regla de hoy! ¡Más me valdría haber nacido en otro tiempo! Pero sí, parece que el equivocado soy yo por respetar las normas de convivencia. Ahora vale todo: porrearse en una plaza, coger en cualquier parte, emborracharse en la universidad, blasfemar en las iglesias. Esto es muy fuerte para mí. Mis potencias internas están conmovidas fruto de tamaño disgusto. Ahora ando con diarrea de tanto nervio vivido en las últimas horas. ¡Así no se puede viejo! ¡Así no, no, no, eh! ¡Así no que me vuelvo loquito y los cago a palos a todos carajo! De todas maneras se me ocurrió una idea maestra: voy a tener siempre un balde de agua en el comedor y cada vez que escuche a estas bestias garchar, iré y mojaré a los amantes para que se despeguen rápidamente. Como si fueran perros...
     

miércoles, 21 de agosto de 2013

Sueños locos X (el negrito)

    








         ¿Qué soñé anoche? Primero les voy a contar el lugar de los hechos oníricos. ¿Conocen la calle Chilavert en Villa Lugano? Bueno, por ahí cerca, antes de llegar a Celina, me hallaba yo en casa de un amigo de color. El tipo era un uruguayo viejo y vago, alto y chupado. Bien negrito. Nariz ancha y pelo ensortijado. En la Argentina hay pocos morenos nacidos de padres argentinos. Las guerras del siglo XIX y la peste amarilla barrieron con todos nuestros mulatos. De no ser por todas las desgracias que padecimos, ahora seríamos un país como Brasil o USA. La raza africana es muy buena para el trabajo duro. Se trajeron negros a América por la ociosidad de los indios. No digo que llenaría el país de chocolatitos. No. Acá no hay que traer más a nadie. Pero no hubiera estado mal que haya habido otro tipo de gente. O quizás sí. Solo Dios sabe. Tal vez tendríamos favelas y todo eso. La historia contrafáctica no es historia. Somos los que estamos y estamos los que somos...
        En el Uruguay hay muchos negritos. Suelen ser muy vagos, rasgo poco usual en la laboriosa raza negra (hablar de "etnia" me parece cosa de antropólogo gay). Chupan el porongo todo el día y lo agarran en todo momento cuan si gustasen de tocarlo en todo tiempo y lugar. Estos candomberos son tranquilos aunque se tornan peleadores si están borrachos. Pero son buenos tipos en sí mismos. Un poco brutos por falta de cultura y educación pero muy alegres cuando bailan con las negras a orillas del río. El defecto que tiene el tipo de sangre africana es que le gusta mucho mojar la chaucha. Es lo que más les gusta hacer a estos tipitos. Son cogedores fatales. Eso no quita sus otras buenas cualidades. Yo creo que estos buenos salvajes fueron hechos unas bestias vestidas por la falta de escolarización y por los pesados yugos que tuvieron que llevar cuando su época de esclavitud. Al día de hoy las cadenas del pasado siguen atando a varios. Terribles recuerdos de portugueses judaizantes y holandeses de origen ibérico...
         Dije que estaba en la casa del viejo negro candombero y cachenguero. Suelo estar siempre muy alegre yo cuando voy de visita a algún lado. Pero el tipo estaba muy triste y me dijo que sonreír esa noche era como contar plata delante de los pobres. Me pidió por favor que coma primero, que él y sus muchos hijos, sobrinos y nietos lo harían después. Dijo que no sentían bien de ánimo. Alrededor habían muchos chiquitos y eran blancos en su gran mayoría. Hasta habían criaturas rubias. Son cosas que solamente se dan en la Argentina. Pero bueno, yo acepté la rica comida que me sirvió el hombre y le di las gracias por su hospitalidad a pesar del mal momento que estaba viviendo. Ahí nomás el sujeto dejó escapar una lágrima y me dijo con voz quebrada y conmovedora: "Estoy mal porque mi negra me ha abandonado". No pude menos que abrazarlo y consolarlo un poco. Al rato terminó el décimo de mis Sueños locos (el negrito). Todavía no puedo creer las cosas que me pasan por la cabeza mientras duermo. Quizás tenga el alma del mundo en la almohada. No lo sé. Pero creo que en el cráneo de un solo individuo entra la infinitud del universo...

lunes, 19 de agosto de 2013

Sueños locos IX (Johannes de Silentio)

     








         Uno de los escritores que más me ha conmovido es el danés Kierkegaard. Era protestante pero así y todo cautivó el alma de muchos católicos como el inolvidable Padre Leonardo Castellani. Quizás fue su entorno hipócrita y burgués el que lo hizo tan cercano a nuestros sentimientos ya que nosotros somos "caballeros de la fe". Podría decirse que los hombres del norte son mercaderes de la religión. ¿De dónde vienen todos los putos pastores electrónicos?  Ya Weber desarrolló el tema del espíritu protestante del Capitalismo y por eso no me explayaré más al respecto. Por lo menos en este texto. Pero sí quiero seguir hablando de aquel autor escandinavo que usó el pseudónimo de Johannes de Silentio. ¿Cuántos lo habrán leído? ¡Tanta mierda hay en las librerías y son Best Sellers! Pero bueno, no hay que confundir cantidad con calidad...
           ¿Por qué estoy con los sueños locos por novena vez? ¿Y por qué este pensador? Se los diré pero déjenme decirles algo antes: un comentarista me dijo que lea autores católicos en lugar de entretenerme con Kierkegaard. Eso está en la entrada de abajo, la que habla del Marqués de Sade y las mujeres. Me llama la atención y lo creo algo de Dios porque, justamente, tuve un encuentro con el Existencialismo cristiano por la noche. ¿Qué vi en medio de los abismos de la almohada? ¿Qué pude haber escuchado en las muertes de las madrugadas? ¿Podría uno encontrarse consigo mismo antes de despertar? ¡Podrían pasar tantas cosas entre la muerte y la resurrección que solamente Dios es capaz de recordar todo para luego contárnoslo! Bien, no quiero tensar demasiado la cuerda. Me gusta la ligereza y lo que se va moviendo con la intención de marear. Así me gusta jugar.
              Una oración extraña arruina un párrafo para algunos puristas. Para mí no es así. Si existe el punteo de guitarra, ¿por qué no puede existir el "solo" en literatura? Y la soledad es lo que me inspira a leer a Kierkegaard, Nietzsche y Schopenhauer. Y me siento acompañado cuando el loco, ateo y masón francés me dice lo pervertidas que son las mujeres por naturaleza. Entonces me doy cuenta de que la vida es sueño, que todo es mentira y que no voy a cambiar por lo que dicen los demás. ¡Voy a vivir por siempre! Quiero desorden, violencia, corridas, galope y golpes fulminantes. Y voy a terminar esto a lo grande: en el sueño me encontré con un ser querido que me dijo que él es Johannes de Silentio. Esa mañana me levanté triste al pensar que hay personas que no han leído Temor y temblor. ¿Por qué habría de ocurrir algo así en la vigilia? ¿Puede pasar que alguien que no sabe quién es quién en la literatura aparezca con un cambio de identidad tan notorio?
           La gente que me lee piensa que vengo de una familia del Opus Judei o algo así. Nada que ver. Ninguno de mis padres o abuelos son profesionales y no lo veo mal. Ya saben que estudio Letras en la UBA pero me importa un huevo la chapa. Es de gringo andar mostrando los títulos a los demás. Pero sí valoro el afán de instruirse y leer. Esto más allá de las instituciones. Y a veces uno lamenta que la gente no sea más leída pero algunos ni siquiera están bien comidos. Muchas cosas funcionan mal y yo a veces soy demasiado idealista. Me siento yo solo en el mundo. Creo que todo es una invención de mi mente. Sé que estoy muy loco y por eso sé que nada le hace una raya más al tigre: el ser querido de mi sueño no es Johannes de Silentio sino que es él mismo. El verdadero Caballero de la Fe soy yo y doy gracias a Dios por ser cristiano, poeta y luchador y por la sangre europea que corre por mis venas...

viernes, 16 de agosto de 2013

La mujer es la culpable de la prostitución...

 








       




     
       A toda velocidad y a toda violencia. A las corridas salí disparando por algún lado cuya gente no puede olvidarme. ¡No saben la que me mandé! Todavía estoy disfrutando de la que me llevé. ¡Qué me vengan a buscar! ¡Se las voy a dar antes de que ellos me la den a mí! Por mí se pueden ir a la concha de su madre. Pero yo tengo que decir lo que pasó en el camino. Un viejo me sorprendió al paso. Amagó con hablarme en francés y le dije que no le entiendo ni mierda. Le sugerí la posibilidad de escribirme ya que mi relación es con la letras escrita. Pero ahí nomás el jovato peló un castellano casi perfecto. Voy a hacer esto dialogado para que vean de qué hablamos con el vago este.

- Yo soy el Marqués de Sade resucitado por Mefistófeles. -
- Bueno, yo soy Napoleón y no me ando jactando. - Le contesté yo.
- No importa que no me creas. Podemos ir al bar de la esquina y charlar con la gente allí reunida. Quiero conocerte un poco. De paso te escondo de los locos que te corrían. Yo vi lo que hiciste y me parece muy bien. Por eso corté tu carrera. - Me dijo el Marqués.
- ¿Cómo mierda me viste si vengo corriendo desde hace cuarenta cuadras? Los pelotudos esos andan en auto y en moto pero yo fui cortando camino. ¿No laburarás para ellos vos también? ¡Te cago a trompadas acá mismo! -
- ¿Pero no ves que yo estuve muerto y soy un resucitado? Puedo ver todo.-
- Está bien, te creo. Sos un vago cómplice de los otros que se arrepintió. Seguro que me viste en algún lado. Te invito yo al café porque me gusta la gente que inventa historias originales. De paso podrías enseñarme a hablar algunas palabritas de francés. Porque no puedo manejarme por lecturas como si fuera un sordo. -
- Yo quiero enseñarte la Filosofía en el tocador. O bien podría decir Filosofía del toquetón. Yo sé que vos sos el jovencito lector de Charles Maurrás pero no quiero que esos dementes te llenen la cabeza. El viejo ese de mierda ahora está en el Cielo pero te cuento que el Infierno está encantador como la canción esa de cuarta que escuchan mis hijos bobos.-
- Bueno, está bien. Trasladémonos al bar volando. Podrías aparecer con unas copas en la mano de manera repentina. Sinceramente, no me gustan tus ideas y te lo digo porque te he leído mucho y te creo un viejo masón, pervertido y bufarrón. ¡Has dicho que desfloraste a tu sobrino de catorce años! ¡Hijo de puta! Eso sí creo que de verdad lo hiciste. Quizás solamente escribiste y fuiste un pobre diablo que pasó buena parte de su vida en la cárcel. Igual, ya que está puedo hablar con un fiambre revivido. He hablado con tantos muertos en vida que ahora no me molesta hablar con un vivo que está muerto. -

      Me pasó algo que no consigo explicar y no es un sueño: aparecí con el divino Marqués tomando cervezas en un bar. De golpe dejamos la sucia calle y nos encontramos bebiendo rodeado de mujeres bellas que nos servían a cuerpo de rey. Podría dar el nombre del lugar pero son unos sectarios que piden anonimato. Se manejan con una pequeña clientela que les deja mucho dinero. Me dijeron que si doy la dirección, me van a dar un tiro en cada pierna. Quizás si tuviera confianza con algunos de ustedes, podría decirles en persona dónde corno queda ese club tan lujoso y lujurioso. Pero bueno, yo fui porque el loco me hizo volar hasta allí. Parpadeé y ahí me hallé como un borracho sucio e inmoral. Es cierto que había un tipo moderado pero era la encarnación del sentido común en un derechoso de cuarenta. Creo que era necesario un contrapeso para tanto libertinaje. Ningún cura se quiso prestar para ser capellán de una taberna del Demonio pero sí hay pequeños burgueses que gustan de controlar los pensamientos de los demás para evitar caer en el Comunismo. Los lascivos y los viciosos de toda calaña no gustan de los criminales; se sienten derrotados al ver a esos hijos suyos metralla en mano. Por eso se exige orden dentro del desorden (Dante dijo que hasta el Infierno tiene leyes). Aunque les parezca mentira, dentro del caos hay una ley preestablecida porque las fuerzas de la anarquía tienen por plan intentar destruir las regiones celestes y todo lo que esté arriba o abajo de ellas. A continuación transcribiré en color rojo el brillante discurso que di sobre la prostitución ante la mirada de mi tristemente celebre contertulio. Quizás me excedí con mis palabras pero no estaba en mí mismo sino en la sustancia... 
     
          Solamente les pido un esfuerzo más para ser aristocráticos. No querrán vosotros volver a oír hablar de la República. Os propongo un Imperio Cristiano que conquiste el orbe. Seremos republicanos en tanto y en cuanto que tendremos jueces notables educados en el seno de la Iglesia. Y el pueblo legislará a través de corporaciones según ramos de actividad. Todo el Sistema será vertical y jerárquico, profundamente estructurado. La Patria, la Gran Argentina, será regida por un hombre con título de Rector que será a su vez elegido por un conclave cerrado como el que elige al Papa. Todo girará sobre sí mismo. Quizás podamos admitir la posibilidad de la sucesión dinástica pero por ahora nos sirve abolir el Sufragio y todas las instituciones nefastas de 1789. Sobre todos los imperios de la Tierra mandará su Santidad el Papa ( no esté de ahora que es medio masón amigo de los plebeyos del mundo entero). ¿Me preguntan por la Gran Argentina? Les digo que llegará de California a Ushuaia. Nuestro país tiene un destino histórico que cumplir. El África Negra será el Reino de Negropolis. Y Europa volverá al esplendor romano germánico. ¿Tierra Santa? Será dirigida por algún Soberano cristiano. Allí vivirán judíos y musulmanes bajo nuestra estricta vigilancia. Israel no existirá más. Debemos procurar la conversión de todas las naciones al Catolicismo. Para eso queremos el poder. No nos interesa un simple Estado burgués sin más ideales que la estabilidad del tipo de cambio o la suba o la baja de los valores bursátiles.

         Pero hoy quiero hablarles de otra cosa, mis queridos parroquianos. ¡Solamente les pido un esfuerzo más para ser aristocráticos! Nunca dejamos de serlo. Sólo que tenemos que llegar a ser quienes somos. Nos lo olvidamos luego de la Revolución. Pero yo propongo firmemente la visión heroica, viril y guerrera de la vida. Para eso necesitamos ser firmes y dignos de nuestra estirpe. El tema que les traigo hoy tiene que ver con la prostitución. ¿Saben por qué existen las putas? ¡Por culpa de las mujeres que no satisfacen a sus maridos y novios! ¿Por qué se introducen rameras foráneas en un reino? ¡Porque las mujeres naturales del país hacen mal las cosas o, peor aún, no las hacen! Pero yo les digo que si las féminas cumplen con lo que corresponde, no habrían tantos problemas de infidelidades, separaciones, proxenetismo, trata de personas, pornografía y violencia entre los hombres. Las insumisas de nuestro día deben servir al hombre. ¡Somos fachos y machos y por eso estamos aquí reunidos! ¿Vamos a dejar que las femitrolas sigan enfriando las camas de la Patria? No, ellas tienen que calentar los cuartos oscuros de la Nación con sus mágicas urnas donde depositaremos todos nuestros votos más ardientes. ¡Ese es el verdadero Gobierno del Pueblo! Luego tendremos hijos que conquistarán todo el universo para Dios y gloria de toda su Santa Iglesia! ¡Es solo un esfuerzo más para ser aristocráticos lo que yo pido!

       Dicen que "sin clientes no hay trata". Yo les digo a todos, mis queridos amigos, que "sin frígidas y amargadas no hay clientes". Nadie comería afuera si en casa tuviera manjares de ensueño. Esto es lo mismo. Ustedes, piratas de antaño, viejos lobos de mar, pensarán que estoy borracho y drogado y puede ser pero tengo que decirles algo: somos fachos con facha y tenemos que hacerlo valer. Antros como este no existirían si estuvieran ustedes bien atendidos. No es responsabilidad suya, amigos. Yo los absuelvo de culpa y cargo por el Ministerio que ejerzo. Quedan todos perdonados. El que esté libre de pecado puede tirar la primera piedra y tratarlos a ustedes de vagos y atorrantes pero son sus esposas las hijas de puta que con ustedes se rehúsan pero gustan de ir con otros machos solamente porque lo dice una revista de femiputas impresentables. Les digo que si esa revistita dijera que ellas deben ir a Misa, las iglesias estarían superpobladas como en época de nuestros abuelos. Pero no. Las zorras quieren gozar cagándonos la vida y escupiéndonos el asado. Pero no importa. Este sitio de lágrimas, whisky, besos falsos y juegos tontos subsiste por la decadencia del sexo femenino. Es siempre la mujer la culpable de todos los problemas del hombre. Las hijas de Eva nos siguen echando del Paraíso para que seamos unos tristes jardineros pelotudos. Pero bueno, no es culpa del rusito dueño del bar este de mala muerte. Quizás él festeje nuestro envilecimiento que le es muy redituable pero el día en que las damas vuelvan a la sumisión que les corresponde por naturaleza, entonces estaremos libres de estos vicios nefastos de alcohol, cocaína y carne alquilada. ¡Solamente les pido un esfuerzo más para ser aristocráticos!
        
          Toda la gente allí reunida, que no era mucha para un lugar de esas características, me aplaudió. Yo estaba arriba de la mesa y podía hacer quedar como tímidos a Julio César, Lenin, Hitler, Perón y al mestizo Obama. Hacía mucho que Occidente no veía un espectáculo semejante. Los cincuenta locos que estaban allí, contando hombres y mujeres, me ovacionaron. Creo que eran veinte tipos y treinta tipas. Una proporción muy extraña. No sé por qué pero ahí los chabones se llevaban muy bien. No se peleaban por un agujero de esos que te permiten escapar del mundo por unos instantes. Era como una cofradía de señores adictos a la evasión y la decadencia. Habían personas de todas las edades y religiones. Nadie me censuró. Hasta me ofrecían plata para financiar mi revolución o contrarrevolución. Nadie osó decirme nada. Y no porque yo estuviera borracho, drogado, cansado y agitado. Sólo que en un ataque de sensatez querían cambiar sus costumbres. El mismo dueño del boliche me dijo que me regala toda su biblioteca personal y hasta confesó que cree en todo lo que yo pienso. El problema es que no quiere renunciar a su posición y a su discurso por temor a sus correligionarios. Pero el tipo es fiel partidario de mi causa. Bah, tal vez sabe que voy a triunfar y no quiere que le apague la música y le eche los gatos a la calle. Pero no importa. Aquellos que nos ayudan son amigos vengan de donde vengan. El viejo solamente la quiere pasar bien a puro whiscacho montando las mejores yeguas de nuestras vastas estancias. Yo estaba muy loquito esa tarde pero le oí decir que en el último día de su vida quiere que le manden un cura a su lecho mortuorio para asegurarse un pasaje al Cielo. Yo creo que el tiempo de conversiones es hoy pero el abuelo tiene que persistir en su fe atea delante de toda su comunidad. Un pérfido...

            El Marqués me escuchaba sentado en su silla con un trago sobre la mesa. Cuando terminé de hablar, me aplaudió y me dijo que me expresaba muy bien pero que era un católico de mierda. Se reía y dijo que yo soy un desperdicio de talento. Me trató de amante del Antiguo Régimen a lo que yo le dije que sentía orgullo de ser monárquico, tradicionalista, hispanista y cristiano. Ahí nomás me espetó que tenía algo que decirme: que me meta mi Realismo en el orto. Yo no sé por qué tanta violencia. El tipo había vuelto a la vida y seguía despotricando contra las sanas y buenas costumbres de la humanidad tierna y hogareña. Pero al enfermito este no le gusta la familia. Se quemó en el Averno y volvió más demente que nunca a esta tierra. ¿Qué le pasó? Quizás ahí abajo conspira con Satanás para envenenar el corazón de los miles y los millones. Pero bueno, yo me destaco por la polifonía de mis escritos ya que hablan todos. Mucha gente comenta boludeces y yo le respondo. Esta es la literatura interactiva que provoca el odio de la chusma. Yo siempre recojo el guante y si me lo tira una damita, yo la recojo, bien; bueno, no viene al cuento. A continuación voy a transcribir en azul todo lo que me dijo el francés revolucionario. Son palabras suyas. No me culpen a mí. Acá no censuro a nadie...
      
          Usted, señorito Alan, se queda muy corto. Ya dije en Filosofía en el tocador que las mujeres deben prostituirse públicamente y de manera obligada. Así el placer circulará por las calles del pueblo. No puede ser que las féminas rehúsen sus favores a los menesterosos. No. ¡Es un Derecho del hombre el favorecer a sus instintos! ¡Un esfuerzo más para ser republicanos del todo! Las señoritas y las señoras deben abrirse de piernas ante aquel que lo requiera. Y los hombres deben aceptar el mandato de la sodomía para que haya paz y amor entre los seres. Antes proclamé la necesidad de unión entre las tropas revolucionarias. Cité el ejemplo de los antiguos. Y sí, las falanges deben ir bien adentro. Pero sé que usted es un hombre retrógrado. Solo me limitaré a hablar sobre el bello sexo. Y digo que tiene que prestar su cuerpo a los fragores y pasiones de todos cuanto exijan satisfacción a sus necesidades. La mujer no ha de ser propiedad privada ni sierva cristiana. Es necesario que todas las Fulanas y Menganas socialicen sus carnes para el bien de la República. Es inmoral que el varón no sacie sus apetitos.
      
          El hombre moderado que allí estaba, el burgués, el poseedor del sentido común, dijo que a nadie se le ha de obligar a nada. Pero sugirió la posibilidad de que el Estado le pague a las hembras dispuestas a satisfacer las demandas de la población masculina. Y dijo que es bueno que todos gocen y la pasen bien. También confesó que el lobby gay, condenado por Su Santidad Francisco, quiere educar a la juventud en la sodomía para tener soldados en el ejército de reserva de los machos lecheros y cogedores y de los machitos cogidos y lecheritos. Por eso mismo es necesario, según este repugnante personaje de anteojos y nariz aguileña, que la nueva onda se extienda a todos y todas. Precisó que el Gobierno tiene que subsidiar a las muchachas para que entretengan a los muchachos. Así se evitaría la trata de personas, las frustraciones amorosas, los malentendidos, el robo por móviles sexuales y toda suerte de ardides masculinos en pos de la eyaculación sagrada. Así hablaba el pervertido trajeado que fingía ser conservador o perverso ético. Y sí, es ético porque no obliga a nadie pero financia el libertinaje en lugar de fomentar la educación pública. Un alienado total el sujeto. De la nada se apareció el dueño del circo, el tipo de ojos celestes y piel rosada, y dijo que esto es como la legalización de las drogas. El Marqués, el propietario del antro y el gentilhombre coincidieron que hay que liberar los penes de los calzoncillos para que reine la tranquilidad social. Yo oía con desprecio y hablaba de generar pleno empleo y construir grandes obras públicas. Parecía Keynes resucitado pero ellos insistieron que todas las argentinas y todas las vaginas del planeta, según palabras suyas, deben emplearse en el Servicio Sexual a cambio de una buena remuneración. Me dijeron también que los hombres no sentirían el desempleo, la inflación y los problemas de la sociedad si el burdel fuera una institución más como el hospital, la escuela o la iglesia. Seguían con su entusiasmo los tres liberales y afirmaron que no existirían los ejércitos ni las peleas si todos los sujetos ocuparan su tiempo ocioso en estas edificantes faenas de noches crapulosas. Además, según la trinidad de los malditos, se podría darle trabajo a muchos para la realización y el mantenimiento de las casas de tolerancia. Proyectaron la total ocupación de la humanidad alrededor del culto fálico. El Marqués de Sade había hablado a favor de una expropiación estatal de la mujer pero el jurista, el mediocre reformista, dio la idea del Estado Benefactor de las Putas. El mandamás de esa casa de gatos revueltos se sentía dichoso pues decía que él sería el Ministro de Ocio de la Nueva Babilonia. Los demás que estaban allí reunidos se agitaban locamente y decían que una Nueva Edad había llegado. Los sectarios de Acuario dijeron que yo soy muy culto y aplicado pero que debo luchar por la liberación sexual de todo el género humano. Sinceramente, me arrepentí de mi discurso sobre los deberes conyugales. Sin quererlo, liberé a la Bestia (Dios me perdone). A continuación compartiré con ustedes en color rojo lo que dije a todo esto... 
          
           Coincido con el refrán que reza "la novia es la puta más cara". Efectivamente. Una Carolina cualquiera, hijita de gallegos y aprendiz de turca, puede pedir al hombre pudiente todo lo que quiera. Ella es doblemente rica porque trabaja como buena putita emancipada pero a la vez los machos le pagan todas las salidas. La tipa argentina promedio se va con un pito nuevo todas las semanas. Y va al cine, a cenar y luego al hotel. El chabón que quiera pasar una noche con ella debe gastar seiscientos pesos como mínimo entre espectáculos, comida y alquiler de cama. Podrán decir que el hipotético seductor puede tener su casa propia pero para el caso es lo mismo. Es más, me aventuro a decir, a plata de afuera, que muchas veces el tour de la lujuria puede demandar un valor cercano a los cien euros. Porque las rosas, los perfumes, los bombones, la propina del mozo y el billete al acomodador del cine o el teatro suman como todo. Y la tarada come durante la función y toma y luego quiere tener el producto oficial de la representación o algún libro. Y todo es gasto para el pobre burgués que quiere soltar a su san bernardo para que pasee un poco y tome agua caliente de la zanjita. Y no hablo de tirar los galgos porque el infeliz tiene el cohete tan hinchado que parece un rottweiler. ¿Entienden lo que digo? Las locas trabajan por mandato de la sociedad de consumo y eso lo sabemos todos. Las organizaciones feministas sacan a las tipas de sus hogares, de sus pequeños y naturales reinos conyugales y patriarcales, para que vendan su mano de obra a bajo precio en un mercado laboral saturado por inmigrantes. Si las chichis permanecieran en su sitio, o si hicieran trabajitos típicamente femeninos como ser maestras o enfermeras, seguramente nosotros estaríamos mejor y podríamos ser los caballeros que otrora supimos ser. ¡Verdaderos galanes, verdaderos fachos con facha! Pero ahora somos desocupados o estamos precarizados mientras que las conchudas ocupan los mejores puestos. So pretexto de la "igualdad de género", ellas son las que más ganan y las que tienen lo mejor en las empresas y el Estado. Nadie puede negarles un ascenso o un aumento so pena de discriminación. Así estas marxistas culturales están construyendo un matriarcado al servicio de las finanzas sionistas. No se desanimen a pesar de tanta porquería. ¡Un esfuerzo más para ser aristocráticos! No debemos rendirnos.

        Sólo quiero decir, en el fragor de mi borrachera y con toda la droga encima, que las entangadas quieren todo a cambio de un paseo por su cavernita. Y no es justo porque ellas no invitan ni un puto café a un hombre pero pretenden el cielo, el suelo y el telo luego del cine, el teatro, la cena, el desfile y la mar en coche. Los mujercitas son doblemente ricas porque tienen buenas posiciones en la oficina, buenas posiciones porque supieron cómo dejarse colocar, y al mismo tiempo se benefician con todas las invitaciones de nuestra parte. Y son tan pícaras que aprovechan las infidelidades constantes, el modus vivendi de la serie "Sexo en la ciudad", para seguir recibiendo billetes y elogios para su vanidad patológica. Pero no expongo todas estas verdades magistrales para que castiguen a las perras. Solamente propongo reivindicar la cultura patriarcal. Debemos tener una política no machista sino "masculinista". ¡Somos machos y fachos! Dios hizo a la mujer de una costilla nuestra y esto lo dice hasta gente no católica. Si el sexo femenino la pasó mal en la historia, cosa que no es cierta, fue por heredar la maldición de Eva. Nuestro padre Adán estaba muy tranquilo en el Edén hasta que su compañera hizo que lo manden a mudar. Y ya dice uno de los grandes varones israelitas de todos los tiempos, San Pablo, que la mujer debe obedecer al marido. Debemos aprender de nuestros hermanos musulmanes y judíos ortodoxos. Somos todos hijos de Abraham y tenemos proceder como tales. Ninguna ramera disfrazada de esposa, novia, amante o chica bien puede engañarnos tan tontamente por nuestra necedad y nuestra mocedad moral. ¡Solamente les pido un esfuerzo más para ser aristocráticos! ¡Volverán banderas victoriosas! Conquistemos a la hembra como si fuéramos cazadores o guerreros anhelantes de un botín suculento de esos que se comen a fuego lento. Porque no hay mayor tesoro que una buena compañera. 
         
           Una simple fechoría hecha al mediodía me llevó a una corrida infernal que terminó en una charla mano a mano con el Marqués de Sade. Estuve toda la tarde en ese bar a escondidas del sol. Tomando whisky y cocaína me la pasé con mujeres de maravilla y con viejos muy conversadores que en la sociedad la posan de conservadores. Una locura total. Yo me fui de allí cuando vi que todos se habían quedado medio dormidos. Sabía que si me iba antes, me habrían considerado un apostata o un traidor. Tuve que hacer las veces de crápula porque me perseguían unos tipos muy rudos. Ustedes saben que los ajustes de cuenta terminan mal. Ellos tienen armas y yo me arreglo con mis puños y mis piernas. Pero ya fue toda esa demencia de andar corriendo como un prófugo de la Justicia. Hice la mía y me salió bien. Se quedaron bien calientes los pelotudos del primer párrafo. Todo había terminado. Había salido de lo del Rubio y me agarró la lluvia en medio de la noche. ¡La puta madre! Ahí nomás se apareció el francés resucitado y me ofreció guita para un taxi. Yo le dije que se vuelva al Infierno, que prefería caminar todos los kilómetros que hay hasta mi casa con tal de olvidar la vil condición humana. La carne es débil pero yo me equivoqué en las palabras y le di bases intelectuales a un grupo de viejos verdes que ahora planean el yugo carnal de millones de tontas que no saben nada. Bueno, me faltó decir algo más. Esos personajes siniestros con los cuales compartí una jornada de brindis, querían convertirme en adepto de su logia masónica. Hasta habían hablado de marcarme. Pero yo no me dejé poner el sello de la Bestia. Es más, para complicar la existencia de unos y de otros, les dije a quienes me querían matar al comienzo de la trama que la plata la tenían los del lugar que no puedo nombrar. Por esas cosas de la existencia, un pajarito me contó que se cagaron a tiros los mafiosos con los amantes del lupanar. No hubo muertos pero sí un gran incendio que los intoxicó a todos. Ahora están maldiciendo al literato de la lujuria por haber invitado a un ilustre desconocido a su fiesta. Y los criminales maldicen mi astucia para manotear el maletín del Jefe y salir matando. ¿Saben qué hice con ese dinero? Lo doné a una obra de caridad. Sí, yo le robo a los ricos para darle a los pobres. Y en verdad no era un clan de la mafia el que ataqué sino un grupo de ejecutivos que jugaban a ser sicilianos pero no eran más que unos burgueses de mala muerte empleados en una oficina del Centro. Sólo que andan enfierrados y son capaces de matar por su Amo. Ahora estoy acá escribiendo todos estos hechos para que vean cómo es un día normal en Buenos Aires y sus alrededores...