Respeten sus progreleyes y no sean contradictorios censurandome.

El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)



Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.



- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a Libertades del Tratado para el que se establecia una Constitución Europea)

miércoles, 21 de mayo de 2014

Sueños locos XXIV (Noche asesina)









      Noche, noche. Lo repito todo el tiempo. La sola. Mareado todo el tiempo y en plena efervescencia de ilusiones y lapiceras brillantes. Lágrimas secas y polvos de besos extraviados. No hay marcas que puedan devolverme al lugar del cual salí. Todo fue sueño, siempre sueño (yo). No puedo hacer otra cosa. Todo lo que pasa cuando estamos dormidos es parte de la realidad. ¿O me van a decir que esas ocho horas le pertenecen a la nada? Si yo dijera que me gusta mi compañera de facultad o la panadera de la esquina, estaría emitiendo una opinión como cualquier otra; sería un hecho de mis horas bajo el sol. Vale. Alguien me diría que estoy equivocado o compartiría mi visión. Otro, más osado, me mandaría al frente con flores de insinuaciones y gestos de burgueses tarados. Listo. Pero si yo en una pesadilla cualquiera gritase en medio de la calle lo que me pasa, ¿no sería algo más? Sí, vale como acción. No hay diferencia entre soñar despierto o soñar dormido. El cuerpo y la mente son un todo indisoluble. Y nosotros nos construimos un mundo de mentiras y locuras en un mundo de mentiras y locuras. No existe nada. Todo es falsedad, engaño y apariencia aunque a veces se nos revele la verdad y la suerte mucho antes de la muerte: o sea, cuando más no creemos despiertos, más despabilados, menos captamos las cosas como son en esencia. Y por ahí en un cuarto en penumbras hay más rayitos de sol que bajo un mediodía claro como los ojos del amor...

      Dios se puede aparecer para decirnos que nos vamos a despertar a una mentira. Es como nacer: venimos de un lugar mejor al destierro de este mundo. Estamos acá. Pero somos de otro lado y hacia allá vamos. Sé que he escrito mucho en consonancia con la carne, las pasiones, los dramas, las intrigas, las venas, los cabellos y los pechos sedientos pero de vez en cuando tengo que confesarme: todo es mentira. Yo no soy más que un ilusionista, un vago que regala florcitas para sentirse bien, para olvidarse de que hay algo más y que ese algo más es todo lo que el hombre necesita para vivir sobre la Tierra. Y sí, soy católico pero vivo en medio de mil vidas. Una nausea de personas y hundimientos constantes en otros. Es perderse en la muchedumbre y olvidarse del Cielo. ¿Cuándo miramos hacia arriba? ¿Miramos o no miramos lo que tenemos encima? Parece que no: vamos como muertos en vida mirando al piso para tratar de encontrar una moneda que nos permita deambular un día más con un pan en la panza. El hombre no vive solamente de pan pero tal vez nosotros no seamos más que máquinas con apariencia de un ser que pereció hace mucho. Por eso nos oxidamos y luego nos tiran en un depósito con todos los aparatos obsoletos, con los viejos del geriátrico que allí esperan una reparación cara que jamás llegará. Y luego a contaminar el suelo con nuestros metales, implantes y células muertas; muertas como estas sociedades que nos rodean en falacias y envolturas de estupidez militante. ¿Será que puede rodearme en sus brazos esa magia que evoco sin decir?

        Dejemos los dos párrafos anteriores. Son demasiado buenos para que los pueda continuar. Ni siquiera parecen míos. Es obvio que los inmortales me dictan esta bondad hecha letras. Pero vamos por más, vamos por lo que soñé anoche pero de una manera vaga, casi impersonal para el registro al cual los tengo acostumbrados: veamos la escuela de Villa Lugano, las casas bajas contrastando con los edificios y el aire de Puente La Noria llevando zanjas a todas las ventanas. De fondo podremos oír el ruido del Autódromo. Hagamos la noche antes de que nos deshaga a nosotros por obviar la composición de lugar: el cantero acostumbrado. Barro y una vuelta difícil de dar pero muy hermosa al mismo tiempo. Un infierno hormonal muy tierno. Un despertar a una primavera que nunca se pudo dar. Una chica que a los pocos años fue mamá. La presión de meter el gol. Cosas que no se dieron y señoritas que jamás cedieron. Metegoles dispersos por quiosquitos lejanos. Churrasquitos jugosos y sonrisas en la Plaza Sudamérica. Siempre hay un sur, un sur mejor que lleva hasta la Antártida y de allí hasta el mismo Dios. Todo lo que se pueda desear está allá en la lejanía pero también en la inmediatez. Todo se prolonga: de una cuadra a otra hay mil cuadras. Como los sapitos que reventaban los pibes con fosforitos ahí en la canchita de la vuelta. Pero volvamos a la nochecita pues ella podría volvernos la espalda (bueno, si así lo hiciera no estaría mal ya que podríamos percibir una cola nunca antes vista). Aunque hay que quedarse en el lodo, con los pies trabados y en el medio de los medios y las estrellas congeladas de miedo...

      Los perros ladraban allí en la famosa tira del "Oeste". Los temibles monoblocks donde siempre es de noche. Pero yo estaba parado entre dos que simulaban un tiroteo: tiraban para cualquier lado. Había que hacer el trabajo de antinarcóticos: sí, yo era de la División Drogas Peligrosas de la Federal o un invento así. Y debía hacer sonar las balas para ahuyentar a las mafias. Había que hacer ruido. Mucho ruido. Así que empezaron a llover las balas mientras yo me reía: los loquitos le daban a los fierros de lo lindo: al piso, al cielo, al costado. A todas partes menos adonde estaba el otro. La idea era despistar, embrollar, enloquecer. A los balazos limpios. Y sí, limpios porque no corría sangre sino que corrían los que oían. Una zona liberada al espectáculo siniestro de escuchar con el pecho a tierra desde un departamentito sobre la calle Cafayate. Yo solamente me dedicaba a observar. No me imaginaba el temor de los vecinos: pero una bala pérdida es capaz de quitarle la vida a cualquiera. Son verdades trascendentales olvidadas en la conciencia a fuerza de adrenalina. Una irresponsabilidad de mi parte. Es no tener responsabilidad social, es cagarse en el prójimo... 

   Realmente, yo no consentí esa operación pero me siento culpable en este momento. Será que uno de verdad mata con la cabeza, con el corazón. Todos pecamos por dentro. El adulterio que se comete en inmundos deseos que, aunque nunca se concreten, no deja por ello de ser menos inmundo. Por eso se dice que nuestro siglo es homicida y vil y que merece el Juicio del Hijo del Hombre. Sea lo que sea, debemos pedir misericordia por más que nuestro anhelo sea en lo más hondo del alma. No importa. Debemos pedir hasta con los labios cerrados. Se nos viene la noche de verdad, la noche que nunca termina. Es cierto que estamos inmersos en esta corriente inmunda de automóviles y magias negras pero una lucecita que mantengamos prendida ahora nos salvará el día de mañana de extraviarnos para toda la eternidad. Hay que recorrer este túnel como podamos: alguna vez llegaremos al otro lado. Se dará la mañana clara como jamás la hemos visto y recibiremos descanso por fin. Pese a nuestra vileza, debemos confiar en que resplandecerá el amor. Es cierto que no merecemos vivir el amanecer sin fin pero no es menos cierto que fuimos lanzados a esta locura de existir desnudos y con los ojos vendados, la naturaleza caída...

      Teología en la biblioteca, voy a los dos que disparaban sin cesar: uno de ellos, el más gordito, me puso el arma en el cuello repentinamente: corrió los dos metros que nos separaban y me apuntó. Yo estaba de perfil a ambos tiradores pues quería verlos a los dos a la vez. Sin embargo, no advertí la maniobra del traidor. Me confié a su amistad y así me fue. Pero Dios no me abandonó y me pude recuperar de la desgracia: el otro muchacho no fue cómplice sino que, por el contrario, corrió a defenderme y le dio un tiro certero en la garganta al Judas que me tenía con el hierro en debajo de las mejillas. El cuello es un puente que une la cabeza con el cuerpo. O un hilito muy fino y susceptible de ser cortado. ¿O no? Un tajito y se termina todo. Yo me imaginaba sangrando como un ternero degollado por la fuerza del impacto: un arma de fuego es un cañón de mano que quema toda carne que toca. Imaginen un fogonazo certero que arruine mi piel, mis venitas, mi sangre. Todo. De vuelta a la nada. Desaparecer en medio del vapor de la penumbra invernal, del calor del humo mortal. Un segundo nada más de vida: pensamientos revueltos y un anhelo infinito de misericordia y perdón. "Jesús, Jesús". Los que todos los ateos dicen cuando se están despidiendo. Todos vamos a creer alguna vez. Pero yo creo que hay que creer desde hoy. Y así todo se va en el vacío, en el revés de la existencia, en el al revés de los días cálidos y bellos. Muy triste: ver partir en una bolsa de plástico y con los pies para adelante al que creía uno de los míos. Final del juego. El narcotráfico compra a medio mundo mientras que el otro medio mundo se dedica a tomarse sus días por el tacho. Unos se venden y otros compran. Una inmoralidad absoluta. Pase lo que pase, las madrugadas volverán a encontrarme en las calles dispuesto a vencer al crimen organizado. No descansaré hasta que eso ocurra. Y no me importa que el Departamento de Asuntos Internos me enredé en algo que yo no hice: soy inocente por más que ustedes digan que no...

Sueños locos XXIII (Mi pontificado)

    








       El sueño de mi vida: fui Papa. Les voy a contar cómo fue mi pontificado. Para empezar, les digo que elegí el nombre de Francisco II. Mis enemigos me decían "el Papa burócrata" porque me dediqué a atender las quejas de todo el mundo en mis ochenta años como Sucesor de Pedro. Tenía 50 cuando Dios me llamó a desempeñarme como su Vicario. Y bueno, me morí a los 130. Pero la tecnología y la ciencia me conservó con el aspecto y la salud de un chico de 25. Así es el futuro. Con semejante estado no podía ser menos que mis antecesores, todos ellos de feliz memoria. Para sincerar un poco las cosas, es menester confesar que yo en el trono petrino no hice más que profundizar lo hecho por Su Santidad Francisco I y por Juan Pablo II: recorrí toda la Tierra, establecí la nueva pax romana y fui conocido como "el pacificador universal". Debo admitir que mis adversarios me acusaron de cesaropapismo pero solamente atendí lo que mandaba mi conciencia según el momento histórico: conversión de todos los hombres al Evangelio e intervención no violenta en Tierra Santa para frenar la masacre israelí. Los Santos Lugares bajo vigilancia de la Cristiandad. Todo como manda el Señor. No podía ser de otra forma.

        Como Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, de la única iglesia que es la Católica, Apostólica y Romana, me dediqué a los asuntos temporales con gran entusiasmo. El Santo Evangelio manda a darle de comer a los hambrientos, darle de beber a los sedientos, educar a los necios, corregir a los malvados, consolar a las viudas y visitar a los presos, entre muchas otras tareas. Para no tener que visitar las prisiones, instituciones por mí anatemizadas, me esmeré en darle empleo a todo el mundo, literalmente: fui el creador de la Red Mundial de Autopistas y de la Red Mundial de Ferrocarriles. ¿Dónde podían terminar estos caminos del siglo XXI? Sí, acertaron: todos los caminos conducen a Roma. Estas nuevas vías de transporte permitían a cualquier ciudadano del globo estar en la otra punta del planeta en menos de dos días (en el caso de los trenes, claro está). Estas grandes obras de infraestructura tardaron diez años en llevarse a cabo y ocuparon a la mitad de la población mundial, esa que hasta antes de mi llegada a la Ciudad Eterna carecía de agua potable, alimentos, educación, vivienda digna y que vivía con menos de un dólar por día. Conmigo eso se acabó: nadie se quedó sin la posibilidad de ganarse el pan con el sudor de la frente. Además, impulsé fuertemente la aeronavegación e hice realidad el sueño menemista de llegar a Japón desde La Rioja en avión en menos de una hora atravesando la estratósfera. Muchos dijeron que todo lo que hice fue delirante, vano y faraónico pero no fue más que una excusa del tipo keynesiana para alimentar a los muchos: aeropuertos, puertos, fábricas, escuelas, universidades y hospitales ayudaron a acabar con la pobreza, el analfabetismo, el crimen, la exclusión y la muerte de los más pequeños. Ahora, se preguntarán qué pasó una vez finalizadas todas estas enormes construcciones: adivinaron, las masas se dedicaron a conservar, mantener y limpiar lo ya hecho. A su vez, se levantaron industrias regionales por todas partes y florecieron los microemprendimientos y las inversiones. El turismo llegó a niveles inimaginables. Así como yo tuve las "llaves del Cielo" como buen portero celestial, como buen miembro del SUTERH, así también era poseedor de las llaves que abren las puertas de todos los senderos: de nuevo dieron en la tecla; los poderosos debían darme una partecita de la torta por circular por mis redes. Y yo a su vez distribuía lo recibido con los niños del África. Austeridad, paz, administración y, sobre todas las cosas, misericordia. Mucha misericordia (la Santísima Virgen María ha dicho "misericordia quiero y no justicia").

      También me acordé de mi patria: las obras anteriormente comentadas alcanzaron a la Argentina, desde ya. Fueron obras para todos, para todo el mundo. Pero me concentré muy especialmente en la limpieza del Riachuelo: puse una gran barrera de contención ahí donde desemboca en el Río de la Plata y cambié las aguas sucias por aguas nuevas. Y también curé los otros ríos contaminados de la Patria, incluso ese que es el más ancho del mundo. Todas estas tareas de saneamiento tuvieron por fin crear una costanera desde La Plata hasta la zona norte del Conurbano. Chau Dock Sud y chau puerto de Buenos Aires. Construí puertos en la Patagonia y en el Interior. La costa urbana la transformé en un lugar de vacaciones, deportes, paseos y recreación en general. Mente sana en cuerpo sano. Uno podía peregrinar desde el Tigre a la capital de la Provincia de Buenos Aires siguiendo las líneas del agua. Y lo mismo con la cuenca del Matanza-Riachuelo: a ambos lados creé parques, plazas, escuelas, centros deportivos y culturales. Volaron las fábricas y los galpones a otro lado. Hice todo un paseo verde hasta Cañuelas al fondo y más allá también. Aire puro y sol para toda la gente de la Ciudad y sus alrededores. La vida se había hecho muy amena en el país más austral del mundo. Como si fuera poco, mandé a cambiar los mapas: el hemisferio sur pasó a ser el norte y viceversa. Pero también conservé la cartografía vieja. O sea, la Argentina fue la nación más septentrional y la más meridional al mismo tiempo. Adiós hegemonía yanqui-sionista. Y sí, los ingleses se vieron presionados a devolver las Malvinas debido al aislamiento internacional. Pero como no quería pecar de argento, macaneador y subjetivo; como no quería que me gane el orgullo sudaca, opté por permitir la presencia de civiles gringos con la condición de que se conviertan al Catolicismo y se casen con gente criolla. Sí, fomenté el mestizaje e hice felices a todos.

        Todos estos planes de gran envergadura los mentaba desde un lugar que era llamado "el corazón del mundo". ¿Conocen las nuevas estaciones de subte de la línea A? Piensen, por dar un ejemplo gráfico, en la Estación Puán: bueno, así era mi lugar de trabajo, como una boletería de subte. Estaba bajo tierra atendiendo a todo el mundo. En ese punto confluían todos los ferrocarriles y autopistas del globo. Sí, en Roma. Jew York, París y Londres fueron hace rato. Roma volvió a ser la Capital Imperial de todas las naciones. ¿Cuál era mi "espada temporal"? Tenía a la famosa y temida Guardia Negra: un ejército de cuarenta millones de negros de la infantería. Ellos fueron los que ganaron África para Cristo. Es verdad que no tuvieron que disparar un solo tiro pero ahí estaban, con sus rostros fieros y sus cuerpos altamente entrenados. Luego tenía a las Legiones Romanas: eran las juventudes papales de toda Europa y Asia Menor movilizadas por la causa del Señor. El Viejo Continente ya no tenía Fuerzas Armadas al servicio de la Banca y la Bolsa sino que dependían de mi Autoridad Pontificia. Refundé el Imperio Romano y lo extendí a toda la humanidad. Es cierto que cada nación tenía sus príncipes pero Europa, África e Hispanoamérica estaban bajo mi jurisdicción. Lo mismo que la India (aunque el Tribunal del Santo Oficio tenía mucho trabajo que hacer en esa tierras de idolatras, que dejan morir de hambre al prójimo so pretexto de que ese es el karma que le toca por sus malas acciones de vidas pasadas). De mi dominio escapaban China, Japón, Rusia, USA, Inglaterra y Australia. Igual México había recuperado los territorios robados por los gringos. En síntesis, la totalidad del orbe me obedecía directa o indirectamente. Es cierto que con los protestantes, los ortodoxos, los musulmanes y los orientales budistas e hinduistas se complicaban un poco las relaciones pero en líneas generales fui Emperador y Papa a la vez.
        La gente me amaba no por la violencia sino por el amor: mis ejércitos no disparaban balas sino que se limitaban a intimidar con su sola presencia. Acabé con los narcosatánicos, las anakotortilleras y los fundamentalistas islámicos y judíos con mi sola autoridad moral. Cristo vence, siempre vence. Aunque mis detractores decían que era el Anticristo por inmenso poder. No importa. Les voy a comentar un poco cómo era la "ley de regalos": cada vez que alguien venía a visitarme o me obsequiaba algo, tenía la obligación de darme dos veces el mismo objeto: uno quedaba en Roma y otro iba a la caridad. Así conseguí ayudar a todos los pobres del mundo. En un principio rechacé todos los presentes en favor de los que menos tienen pero luego me di cuenta de que eso era hacerle un desprecio a quienes con tanto amor me obsequiaban. Entonces tomé esa resolución para ser atento y considerado con todos. "Todo para todos", el lema de mi pontificado, que puso a Hispanoamérica y África bajo la protección de San Martín de Porres, mi santo de preferencia.

        Para terminar, les cuento un hecho curioso: el Patriarca de África Negra, un negrito muy simpático, vino a pedirme recursos para construir un sistema educativo igual al americano. Muy ingenuo el moreno, como la mayoría de los hombres de su raza. Aunque era muy inteligente para todas las demás cosas. Un alma noble, santa y buena. Yo le dije que no podía consentir que enseñen inglés en el Continente Negro. Un cardenal italiano que estaba a mi lado me dijo que los africanos necesitan de sus lenguas nativas, del inglés, del francés y, en menor medida, del portugués por Mozambique y Ángola. También del árabe aunque ya habían dejado de ser musulmanes y a Dios gracias. Entonces me decidí por un veredicto salomónico: de ahora en adelante en las escuelas africanas se enseñarían las lenguas indígenas de cada lugar, el latín, el griego, el castellano, el francés, el portugués, el árabe y, recién en último lugar, el maldito inglés. Yo le dije a mi hombre fuerte del otro lado del Mediterráneo que no podía permitir que mi lengua castellana no tuviera un orden de privilegio en el Mundo Nuevo. Le dije que se olvide para siempre de Inglaterra y de los Estados Unidos: la nueva potencia mundial por los siglos de los siglos habría de ser la Argentina. Así como España llevó la civilización y el Evangelio a todo el mundo en su momento, así mi patria habría de ser el soporte de la Tercera Roma en el plano de la cultura.

          Así pasaron mis años: viajando por el mundo y ayudando a todos. Fui conocido como "el amigo de los hombres". Recuerdo como las juventud hispanoamericanas agolpadas en Plaza San Pedro cantaban "¡Qué salga el Papa la puta que lo parió!" y deliraban con mi sola presencia. Fueron días maravillosos. Los medios sudamericanos titularon "El Papa tribunero" y me dieron con un caño por mis actitudes fascistas y mis gestos parecidos a los de Mussolini. Pero no eran más que agentes de la Masonería odiados por todos. De todas maneras, obedeciendo a la prudencia y la humildad, me encerraba durante toda la Cuaresma en "el corazón del mundo": en esa especie de boletería de subte atendía a todos los que llegaban utilizando mis autopistas y trenes. Y salía por las noches a visitar a los enfermos. Las prisiones habían desaparecido de todo el mundo y había abolido definitivamente la pena de muerte. Los historiadores dijeron luego de mi muerte que mi pontificado fue tan grande como el de Pío IX, al cual canonicé lo mismo que a Pío XII. Hice grandes cosas en mis años al frente de la Iglesia, a saber: convertí a millones de judíos a Cristo, pacifiqué las naciones, generé pleno empleo... Lo que no pude lograr en esa fiebre de almohada juvenil es que River gane la Copa Libertadores de América. Hay cosas que ni Dios puede...

domingo, 11 de mayo de 2014

Sueños locos XXII (Juan Román Riquelme)

   








      La hinchada de Boca es la más negra, asesina, tumbera, drogadicta, chorra, sucia, traicionera, violenta e incivilizada que hay. Los bosteros son mil veces peores que los hinchas de Chicago. ¿Cómo olvidar cuando destrozaron las inmediaciones del Obelisco el día 12 de diciembre del 2012 y cuando hicieron exactamente lo mismo pero un año después? Ellos son así:criminales. No pueden festejar con mesura, con respeto por el prójimo. Matan. La policía y el poder político es cómplice de esta situación. Para colmo, hay periodistas que se lavan las manos como el bigotudo de Roberto Leto y su famosa frase "no me consta" cada vez que le preguntan por la existencia de la barrabrava. Viejo cagón si los hay. Los boquenses son así. Malditos de nacimiento. Ya lo dice la canción:

En el barrio de la boca
viven todos los bolivianos
que cagan en la vereda
y se limpian con la mano.


El sábado en la bailanta
se van a poner en pedo
y se van de vacaciones
a la playa del Riachuelo.

Hay que matarlos a todos mamá,
que no quede ni un bostero.
Hay que matarlos a todos mamá,

que no quede ni uno solo...

      Ya dijimos que los hinchas de Boca, o voka, son narcosatánicos masónicos al servicio del Kirchnerismo, de Clarín y de Mauricio. Se sabe que los boquenses están a favor del MACRImonio gay y la marihuana. Son borrachos, locos y fumancheros. Todos bandidos, todos forajidos. Pero bueno, no es eso lo que quería decir. La posta es que se va a armar una guerra civil si Riquelme se va de la ribera: va a correr sangre. La Ciudad se va a hacer noche por muchos años. Los riquelmistas van a matar policías y gendarmes y la Fuerza Área tendrá que intervenir para garantizar la seguridad en la Capital. Macri no tendrá paz y Cristina no estará feliz si Román no lo está. Caos. Sirenas invadirán la penumbra y se abrirán todas las tumbas del infierno para largar a los muertos con Bianchi a la cabeza. El miedo rondará por todas partes y los helicópteros se harán oír en todo momento. El terror será más gobierno que nunca. La única alternativa que vislumbro para evitar banderazos, piquetes, incidentes, peleas con periodistas y toda la sarta de trifulcas que se vienen es la renovación del contrato del 10. La cosa está jodida. Pero es necesario que el ídolo esté bien firme en el altar pese a tener los pies de barro por tantas lesiones...

Sueños locos (asesinato en Flores)

      




        Asesinato en Flores: una mujer recibió un disparo en la nuca mientras miraba discos en el conocido local "Cesar Po". Le dispararon desde lejos y con silenciador. La victima, de cuarenta años, no tenía problemas financieros ni relación con el mundo del hampa. Se descarta la hipótesis de un ajuste de cuentas. Algunos investigadores plantean un crimen pasional. Por ahora no hay detenidos. El caso llama poderosamente la atención ya que se piensa en un francotirador que a su vez fue pagado por un supuesto amante de la difunta o por su mismísimo marido. Lo cierto es que todos me acusan a mí. Pero de a poco iré demostrando mi inocencia. Esto parece una pesadilla. Siento miedo de ir preso por un homicidio que no he cometido. Yo sería incapaz de quitarle la vida a un ser humano. Prefiero padecer la injusticia a ejecutarla. Suena muy socrático pero es lo que me pasa. "No matarás", "no matarás". La conciencia me atormenta y eso que soy inocente. ¿Cuánto peor me sentiría de ser yo el verdadero culpable? Ah, como si fuera poco, yo no sé manejar armas. Nunca disparé un tiro. No tendría jamás semejante puntería como para manejarme a la distancia y herir sin ser visto por nadie. La pobre señora cayó desplomada de inmediato. ¿Quién montó semejante aparato logístico para matar a una ciudadana común y corriente, alguien que paga todos sus impuestos? A mí me parece que el autor material del hecho es un comando del GEOF o del Grupo Halcón. ¿Cómo puede ocurrir algo así a una cuadra de Plaza Flores? Ahí en plena esquina de Varela y Rivadavia, ahí donde pasan las vidas y los días y los colectivos, subtes, taxis y autos. ¿No es demasiado raro? ¿Un pobre estudiante como yo puede ser capaz de realizar una operación semejante? Aparte del impedimento moral de ser católico, están los condicionamientos de carácter técnico y físico: yo no puedo ni usar un control remoto. Soy torpe con las manos. Por eso estudio Letras. Es cierto que tengo buena condición física pero no me sirve correr por las vías del Sarmiento como un loco. Eso me delataría delante del mundo. Y se sabe que el homicida hizo lo suyo sin dejar rastros. Nada de corridas, pisadas de coches, ruido de motos o algo semejante. Nada de nada pero estoy en boca de todos...
       Vamos por partes: esto pasó un día de semana por la noche. Desde ese instante la policía anda tras mis pasos. Pero yo me evado como puedo. Dios me ayuda. Igual no quiero dar datos que permitan mi identificación. Sólo puedo decir que un día por la mañana fui a ver al encargado del local. Le dije que yo no fui y que trate de declarar en mi favor. Él me contestó que sabe de mi inocencia y que por eso "sería bueno que te vayas de acá. Yo voy a borrar las cámaras para que la yuta no sepa que viniste pero ándate ahora porque me estás comprometiendo". Luego le pregunté qué le hace pensar que yo no fui y si realmente así lo cree. El muchacho rubio de ojos marrones me contestó que no pone las manos en el fuego por nadie pero sabe que yo soy un perejil en esta causa armada por la Justicia para cubrir a alguien pesado. Yo me quedé mal. No me dio una respuesta verdaderamente satisfactoria. Así que salí a vagar por el mundo a la espera de que esto prescriba de alguna manera u otra. Bah, no sé. Podrá pasar algo que aclare las cosas, que permita que se sepa toda la verdad y nada más que la verdad. "La verdad". La angustia es grande, muy grande. Yo no he sido ni soy aquel que dicen que soy pero tengo que soñar con vidas paralelas que me atormentan. Lo único que me resta es escribir todo lo que pasa por mi mente por las noches pues hay espíritus que se manifiestan a través de mí. Bueno, en verdad yo sé que es el mismo Señor el que le quiere decir algo al mundo: no hay que matar. Matar pasó de moda. Hay que dar vida, mucha vida y en abundancia. Es todo tan confuso que..., que me perdí. Pero lo más loco de todo es que apareció la disquería "Cesar Po" como epicentro de la acción. ¿Por qué será "Cesar Po" y no otra? Conste que nadie me dio un peso por pasar el chivo. Igual, ya que estamos les recomiendo que vayan a comprar ahí y no a cadenas caretas...