Respeten sus progreleyes y no sean contradictorios censurandome.

El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)



Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.



- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a Libertades del Tratado para el que se establecia una Constitución Europea)

lunes, 6 de marzo de 2017

Sueños locos LXXXVI (Estado Nuevo)



  En 2019, a mitad de año, caí preso. Me condenaron a dos años de cárcel. Las leyes habían cambiado. No existían delitos excarcelables. Es decir, a partir de ese entonces fue que tres meses de prisión comenzaron a ser tres meses de prisión efectiva, no un antecedente, una manchita fácil de borrarse con el tiempo y con buenos abogados. Antes, una pena menor de dos años era un simbolismo. A decir verdad, el régimen draconiano ayudó a crear trabajo: se construyeron decenas de complejos penitenciarios a lo largo y ancho del país. El crimen bajó considerablemente. La desocupación también. Es cierto que los apremios policiales, la tan famosa "violencia institucional", aumentaron de modo considerable. Pero los dirigentes de organizaciones izquierdistas de Derechos Humanos habían sido encarcelados, chantajeados o desterrados de manera solapada. Los medios de comunicación montaron una ficción en torno a personajes del mundo político y gremial. Los líderes populares fueron proscriptos, fueron enviados a una Siberia de causas inventadas. No obstante esto, también era "violencia institucional", tomo con pinzas el concepto, cuando los jueces aplicaban la famosa "puerta giratoria", ¿se acuerdan de eso, queridos argentinos? Es una injusticia social que, so pretexto de la inclusión, se excluya a las víctimas y se priorice al violador, al asesino y al ladrón. "Los delincuentes no recibieron una buena educación en la infancia, son las verdaderas víctimas del sistema". La gente se pudrió del progresismo, del garantismo penal. El Estado Nuevo mejoró muchos aspectos de la vida nacional. Más allá de las mejorías y las buenas relaciones entre trabajo y capital, la libertad de expresión había sido subordinada a intereses colectivistas. Yo fui a un penal por todo lo que escribí en el blog y en redes sociales. A decir verdad, el Estado Nuevo me simpatizaba y me sigue simpatizando. Espero que perdure. Me encanta la idea de un gobierno de centro, un gobierno que usa la mano derecha y la izquierda, que no tiene dogmatismos ideológicos, que es pragmatismo puro. El problema es que es un régimen con resabios totalitarios y, lamentablemente, persisten todavía algunos burócratas de la vieja escuela, personajes que quisieron cobrarse venganza de este servidor por denuncias de grave tenor que he hecho en el pasado. Justamente, sobrevivientes del anterior estado de cosas, mediante la práctica de un nuevo entrismo, pretenden socavar las bases de nuestra nueva forma constitucional. Hay operadores del ayer, reaccionarios de diestras e siniestras que anhelan destruir la obra de los Nuevos Padres de la Patria. 

  Por buena conducta y por haber seguido con mis estudios, obtuve de premio un permiso de dos días para salir de la cárcel. Esto fue un fin de semana de invierno. Mi caso se apeló. Me redujeron la condena. Me faltaban tres meses para salir en libertad. Llevaba un año encerrado. Es decir, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, nada menos, decidió devolverme nueve meses de mi vida. Obvio, no me iba a ir sin antes pagar, por las dudas. No sea cosa de que vuelva a reincidir. Me perdonaron por universitario blanco. A los presos comunes no le daban ningún beneficio: trabajos al aire libre o en fábricas, estricta vigilancia y horarios prusianos.


  En la recepción del penal, una guardiacárcel me dijo que ni se me ocurra no volver. Le sonreí. "Voy a volver para ver tus ojos celestes, las únicas luces en medio de este ataúd de concreto". Mi giro poético dio resultados: se sonrojó y río. La camisa celeste me intimidaba: los uniformes penitenciarios tenían el color de la bandera de mi patria. ¿En qué te han convertido, Argentina?


  No volví a Buenos Aires. No quise ir a casa de mi madre. La prisión estaba en Lincoln. Como pude, entre larga caminata nocturna y a dedo, llegué a Paraná. Nadie tenía miedo de un desconocido. Nuestras autopistas, que no rutas, eran muy seguras. Tampoco había ya locos asesinos de turistas francesas. Muchos de los que me leen no saben bien qué había antes del Estado Nuevo. Nadie confiaba en el otro. El advenimiento del Nuevo Estado marcó un antes y un después en la vida cotidiana de los argentinos. 


  Una vez en Paraná, con el dinero que había hecho trabajando en la biblioteca de la cárcel, decidí darme un gusto: me fui al departamento privado de una prostituta. Estaba en un piso cincuenta, la ciudad tenía edificios muy altos. Todo había cambiado. Me sorprendió. Entre Ríos siempre fue una provincia rural. Me sentía como en Buenos Aires. Tenía una vista privilegiada de Santa Fe, del otro lado del río.


- ¿Primera vez en la ciudad, amigo? -


- Sí. Soy un porteño aventurero. -


- Podés sentirte como en casa si mirás bien al fondo: vas a ver edificios que son como los de Fuerte Apache pero mucho más grandes. Toda la mierda del Interior la dejaron ahí: los negros, los boludos y los faloperos quedaron del otro lado.-


- Me llama la atención los tiros y los fuegos artificiales en esta época del año.-

- Nosotros le decimos "ciudad zoológico": dejan que los negros se maten entre ellos mientras que no rompan las bolas afuera. Vos fíjate lo que es Rosario ahora: parece Europa pero sin terroristas: no vuela ni una mosca. El Gobierno de Santa Fe limpió todo. Y acá, en Entre Ríos, mandamos la lacra del lado de enfrente. Es así nomás. Yo laburo tranquila y no me jode nadie. Todo legal ahora, ¿viste? Se acabó eso de poner la concha para que se la lleve la policía.-

  Me interesaba la charla pero no quería perderme la posibilidad de tener relaciones luego de tanto tiempo. Así que la peliteñida con lentes de contacto verdes y tez bronceada fue sacudida por mi sed de convicto. No voy a dar mayores detalles al respecto. Eso sí, fue triste mirar a través del ventanal antes de irme: la idea de una ciudad fantasma me daba miedo.


- Che, ¿se puede pasar del otro lado?-


- Solamente las Fuerzas Federales pueden entrar o salir. Ni se te ocurra arrimarte. Si intentás acercarte, te meten adentro y andá a cantarle a Gardel. Santa Fe siempre fue una ciudad de mierda. ¿Vos sabías que en 2003, si mal no recuerdo, cuando el pelotudo de Reutemann dejó que se inunde todo, salió la Prefectura en lanchas a matar gente? A los que andaban merodeando alrededor de las casas inundadas, un tiro y al agua pato. Fue terrible. Los prefectos pasaban con las luces apagadas. Tenían visores. Y bueno, los grones estaban confiados, creían que se iban a hacer el botín del siglo. Hicieron cagar a unos cuantos. Siempre fue un lugar jodido. Los buenos se fueron. Quedaron los soretes. -


- Gracias por la info. Prometo volver a verte. Tengo que irme a Buenos Aires. El lunes me toca ir otra vez a la oficina. Ya viste lo que es la vida allá, una bosta, siempre igual. Gano bien, no me quejo. Pero me gustaría laburar desde casa. Capaz que me hago prostituto y atiendo chicas lindas como vos, ¿no?-


- ¿No te querés quedar a pasar la noche? No te cobro nada. Es más, te devuelvo la plata que me diste. Me gustas en serio. Estoy media cansada de comerme tipos feos. -


- Tengo que irme. Si me llevás a Rafaela, pasamos la noche juntos en el coche. Sé que no vas a querer ir pero es lo único que te puedo ofrecer. Debo seguir viaje. Tengo pensado saludar a un amigo y luego ver si regreso en tren o en avión. -


- Yo me quedo acá, mañana luego del mediodía tenga la agenda completa. Pero una prima mía va en la camioneta hasta un lugar cerca de ahí, no me acuerdo el nombre, creo que San Francisco. Me parece que te estás escapando de algo porque hay trenes y aviones baratos para todos lados. No importa igual. No te voy a mandar en cana. Si fueras jodido, ni te habrías acercado hasta acá. -


  La fortuna estuvo de mi lado: pude meterme en la caja de la camioneta al día siguiente. Es decir, llegado el caso, las cámaras del edificio pudieron verme entrar pero no salir. Me faltaban tres meses por cumplir pero no quería regresar nunca más. 


 Matías Israelson se sorprendió al verme. "¿Vos no estabas preso, hermano?". Le conté todo. A su vez, él le contó al padre lo que la meretriz me dijo de la Ciudad de Santa Fe. El hombre no se sorprendió, algo sabía. El hijo ni enterado estaba de la ciudad cárcel. 


- Gente, esta noche, a las diez, tendría que volver a la cárcel. Me quedan tres meses. Pero no aguanto más. Me quiero ir. No los quiero comprometer. Pero me pueden dejar en Brasil. En el peor de los casos, me pueden multiplicar por tres lo que me queda de la condena por intento de fuga. Me arriesgo a estar guardado nueve meses si consigo ver la libertad por un tiempo. Es más, en Brasil puedo tramitar una fianza. Pasa que no tenía nadie que me haga la segunda con la plata. Allá puedo laburar y juntar la guita para zafar. No te extraditan así nomás cuando sos preso político. No sé. ¿Qué dicen?-


- Vamos, total, nosotros no sabemos nada. Si nos paran, te haces cargo, flaco. ¿Te quedó claro, no? -


- Sí, Señor Israelson. -


  Los Israelson son judíos. Saben lo que es escapar de todos lados, lo que es pasarla mal. Me ayudaron. Siempre voy a estar agradecido con esa gente. El mejor de la familia era Samuel, el tío científico. El loco andaba con delantal blanco todo el día. Se me pegó: me explicaba cómo funciona el mundo, los átomos, las células, los planetas. Un genio. Íbamos charlando en la camioneta, en el furgón. Nadie podía vernos. Ahora, luego de años de limpieza, no paraban vehículos en la autopista. La radio sonaba fuerte. Ni noticias de mí. Si se revelaba mi condición de prófugo, también se iba a revelar lo injusto de mi detención. El Nuevo Estado no podía aceptar que en sus filas había operadores de la Partidocracia, el régimen anterior a la Tercera Revolución Nacional.


  Pasados unos días, llegamos a Serra do Pardo. Samuel me quería mostrar una base nuclear escondida en la reserva natural. No sé cómo pero al viejo lo conocían los científicos y militares allí establecidos. Tampoco sé cómo pero un oficial me reconoció y me dijo, en perfecto español, "el Estado Nuevo cometió una injusticia con uno de sus mejores hijos". Reí. Era exagerado el elogio. Es verdad que siempre luché por el Estado Nuevo pero no fui protagonista de la Tercera Revolución. 


  La base poseía una techo de vidrio que permitía contemplar el cielo con plenitud. A su vez, las paredes estaban inclinadas, como en diagonal: eran láminas de metal celeste superpuestas. La alfombra del gran salón era negra como la vestimenta de la mayoría de los presentes, exceptos los militares, que usaban riguroso verde oliva. Había computadoras por todos lados y hombres y mujeres de todos los colores. En Brasil, se estableció un satélite del Nuevo Estado Argentino. Nos habíamos convertido en potencia. Siempre me sentí mal por la ubicación geográfica: pensaba que los brasileños se cagaban en nosotros al estar arriba en el mapa. Creía que ellos tiraban su mierda sobre el Paraná para que nos llegue al Río de la Plata. El calor, los mosquitos y el dengue eran invento de ellos, eso creía. Me dolía ver ese imperio de portugueses dominado por ingleses. Nunca dejaron de ser una colonia de esclavos negros manejada por europeos. Pero eso había cambiado. Las ingenieras negras eran la muestra de la revolución continental.


  Un camión gigante pasó al lado de las base. Llevaba un misil de setecientos metros. El camión medía lo mismo. Nunca había visto máquinas semejantes. Un niño me dijo, en portuñol, que Brasil se preparaba para un eventual enfrentamiento con los Estados Unidos o con la Venezuela de Leopoldo López. Lo bueno es que el torpedo no llevaba carga nuclear. Menos mal porque al rato hubo una explosión. Una bola de fuego envolvió las instalaciones pero el sistema de emergencia disipó el peligro al instante: el fuego se hizo agua en segundos. Una grifería divina salvó la reserva ecológica. Los científicos comenzaron a hablar de falla. Otros acusaban un sabotaje. Lo cierto es que me confirmaron que era habitual avanzar por prueba y error en la carrera armamentística. Samuel se excusó: "Cuando los americanos se equivocan, no la cuentan, se hacen los boludos. Nosotros también."


 Luego de la reivindicación nacionalista, fuimos llevados por un helicóptero militar al aeropuerto de San Pablo. Yo no quería terminar en la Argentina. Samuel estaba bien pero Matías y el padre se encontraban traumados. Así que sacaron pasaje de regreso a la Argentina. Me dejaron la camioneta para que siga viaje con el tío loco. Mejor que se fueron. A los tres meses, ellos me tramitaron la fianza con la plata que les mandé desde Brasilia. Lamento que los primeros tiempos del Estado Nuevo se hayan dado conmigo en la cárcel.  

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